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Manual de Supervivencia Peatonal

Publicado: 2017-02-15

Cuando hace unas semanas, decidí acudir a la presentación de la presentación de la Carta de los Derechos del Peatón, organizada por la Municipalidad de San Isidro, pensé que el principal reto para cualquier peatón era llegar con vida al local municipal.    

En el camino tuve que sortear conductores apurados, motociclistas díscolos, ciclistas que se subían a la vereda (algunos hasta tocando el timbre para amedrentar transeúntes). Además, como signo de estos tiempos, buena parte de las veredas estaban cubiertas por montañas de ladrillos y arena, pues a las empresas constructoras les tiene sin cuidado por dónde caminan los transeúntes. Yo logre pasar entre los veloces automóviles, pero ¿podría hacerlo una persona mayor, alguien en silla de ruedas o con un cochecito de bebé?

Sin embargo, lo más difícil y arriesgado de la travesía peatonal fue cruzar la avenida Javier Prado, no tanto por los vehículos, sino por la errática mujer policía que, en lo alto de una caseta exhortaba a los choferes a NO respetar el semáforo sino sus confusas indicaciones. Supongo que para causar más estrés, gesticulaba con ambos brazos y, supongo que para que los peatones padecieran más, daba silbatazos estridentes sin cesar.

Cuando disminuían los automóviles y algunas personas comenzaban a cruzar, tras una espera de unos diez minutos, la amable policía usó silbatos y gestos para que los vehículos se apresuraran, lo que implica atropellar a las personas. Parecía el acto cruel de una desquiciada, pero lo he visto decenas de veces, tanto en Javier Prado como en el Paseo Colón. Y, debo señalar, estoy viendo estas indignantes escenas desde hace casi 20 años. Fujimoristas, toledistas, apristas o humalistas, ninguno de los Ministros del Interior se ha dado cuenta de lo absurdo que es pretender reemplazar a los semáforos con policías.

Bajo este panorama, que cuatro cuadras después se repitió en la avenida Juan de Arona con otras ineptas policías, llegar a la charla en la Municipalidad tuvo bastante de ese heroísmo cotidiano que deben enfrentar los peatones limeños. Sin embargo, valió la pena.

Estuvieron presentes varias activistas mexicanas, pues en dicho país han surgido muchos colectivos y agrupaciones que buscan proteger a los peatones. Ellas enfatizaron la necesidad de que los vehículos no sean una amenaza para la vida o la seguridad de los transeúntes. Yo pensé que para muchos choferes peruanos, tocar el timón es como tomar la pócima del Dr. Jeckyll y convertirse en verdaderos Mr. Hyde, que no creen en nadie.

Sin embargo, no son solo los choferes, sino también las autoridades: “Desde hace décadas el lobby de las empresas automotrices ha logrado que se realicen políticas para beneficiar sus intereses” dijo un expositor peruano. De hecho, en el Perú, en lugar de favorecer al ciudadano que pretende caminar, las autoridades lo hostilizan, como las mujeres policías. Hay alcaldes que talan los árboles que dan sombra a los transeúntes, para ensanchar pistas o construir estacionamientos.

Otro ejemplo son los puentes “antipeatonales”, como los llamaban las activistas mexicanas, imposibles de usar para una persona en silla de ruedas. En Lima, algunos alcaldes desubicados los han colocado en áreas muy transitadas, donde centenares de personas deben subir las escaleras para que los privilegiados conductores pasen tranquilos. Algunos de los puentes más absurdos los tenemos están en la avenida Brasil frente al Hospital del Niño, donde existen seis semáforos abajo o en el cruce de Javier Prado, donde hay otros seis semáforos.

El último aporte antipeatonal del alcalde Castañeda es el bypass de la avenida 28 de Julio, donde se han reducido las veredas de la avenida Arequipa y alejado los paraderos hasta 10 cuadras de los lugares originales. Susana Villarán también tuvo su gran aporte antipeatonal al eliminar decenas de líneas de transporte originando que las personas gasten más tiempo y dinero para movilizarse. Hace tres años, jamás habría pensado que tomaría colectivos para ir a Miraflores, pero gracias a Susana Villarán a veces es la única manera.

Por supuesto que existen medidas positivas: en el óvalo Gutiérrez amables miembros del Serenazgo detienen a los vehículos, en la avenida Larco, las veredas fueron ensanchadas y desaparecieron los estacionamientos, planeándose lo mismo para las calles Diagonal y Mártir Olaya (cuando la Municipalidad de Lima lo autorice). La gestión de Villarán dispuso la peatonalización de varias calles del Centro Histórico y en San Isidro, la calle Libertadores es ahora una calle 30, con un máximo de 30 kilómetros de velocidad y solamente un carril. Muchísimas calles de Pueblo Libre, Jesús María o el propio Miraflores podrían reorganizarse de esta manera.

La Municipalidad de San Isidro ha anunciado que también la calle Burgos será reformada como Libertadores. Lo curioso es que esta última se encuentra a dos cuadras de la avenida Los Incas donde simplemente no hay veredas y el peatón debe esquivar los vehículos que pasan a toda velocidad.

Todavía, ser peatón en el Perú es una tarea avezada, hasta cuando se pretende ir a una charla sobre los derechos del peatón.


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Reflexiones Peruanas

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