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-De ser cierto que la piratería hace posible el acceso a determinada información, Lima sería una ciudad cultísima (Un abogado, contrario a la piratería).

 

-No encuentro ningun conflicto moral en usar copias de libros, cd, programas o etc, porque lo último que tienen las empresas que los comercializan es reparos morales.  Si los piratas copian uno de mis libros y lo venden por las calles, de veras me sentiría orgulloso de ello.  El conocimiento producido por el humano es de todos.  Lo demás son trabas (Alexandro Saco).

 

-En los cines de Miami aparecen unos spots dirigidos a los jóvenes y a las personas de raza negra con el mensaje: La piratería es un delito. Hasta ahora se encuentran en algunas tiendas CDs de música por más de $15 dólares, lo cual es absurdo si un CD en blanco cuesta apenas algunos centavos de dolar.  Las películas en DVD han bajado de precio de manera ostensible, pero aún así yo prefiero visitar una tiendita cerca de mi casa que supuestamente alquila videos a $3.00, pero que en realidad venden copias a $5.00.  Ahora, con el nuevo alcalde, tienen que ser más solapas, esperando que pase la tormenta “moralizadora” (un amigo peruano desde Miami).

 

-Yo participé en la elaboración de una publicación, con la finalidad de obtener recursos económicos para una buena causa y dio la casualidad que en Azángaro encontré nuestra publicación pirateada.   Me sentía muy mal por todos nuestros sacrificios, gastos en papel, impresora, tiempo… pero me sentía contenta porque encontrar tu publicación pirateada significa que es buena y además vendible, sino no la piratearían.

De otro lado, en la Universidad me ha pasado algo parecido con mis cuadernos, en los que yo me esmeraba mucho.  Una vez, en un curso donde solamente conocía a cuatro personas, entro al examen y toda la clase tenía mi cuaderno enteramente fotocopiado.  Por eso, dejé de prestar cuadernos. (una abogada de la Universidad Católica).


-”Llévalo…. No lo vas a encontrar en ninguna parte”.  Recuerdo mucho esta frase de uno de los vendedores de casettes de música de la Nueva Trova, que en 1982 te esperaban en el paradero de la universidad.   En ninguna “disco tienda” de la época podía entonces conseguir la musica de Silvio, Pablo, los Feliú, Sara Gonzales, Torres, Irakere, Frank Delgado.  Gracias a esos vendedores pude acceder a la Nueva Trova cubana, argentina, brasileña, chilena y peruana.  En esos años no se usaba aun el mote de “piratas”. Simplemente eran patitas que te conseguían esta música y estaban en la puerta de la PUCP, bajo las escaleras de la San Marcos, a la puerta del Caballo Rojo y a veces cerca del Cine Colón en la Plaza San Martín.

Mal o bien grabados, estos casettes me dibujaban los escenarios en los que imaginaba a la Negra, a Cabral, a Cortez, Gieco, Sui Generis y a la Junaro y unos patitas que tocaban chevere y se hacian llamar Kjarkas. Tambien Chico Buarque, Elis Regina, Vinicius, Jobim, Milton Nascimento…..

Había grabaciones peruanas en vivo del Kiri Escobar, Andrés Soto, Tiempo Nuevo, Alturas, Vientos del Pueblo, Dúo Adagio, que se presentaban en el Museo de Arte o en el Teatro Arequipa.  Y todavía hoy no se difunde esa música como debiera hacerse.

De casualidad accedí a una pequeña filmoteca de la CCP, en la que unos amigos cometieron el pecado feliz de “piratearme” un video sobre el Sicla, ¿recuerdas?, esa reunión de artistas latinoamericanos convocada por el joven Alan Garcia en 1986, mucho antes que Juanes tuviera una idea parecida. Ya lo puse en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=t2C3V1V5U70&feature=PlayList&p=135FBCF27D4EA237&playnext=1&playnext_from=PL&index=16

…. Vas a empezar a encontrarlo en muchas partes. (Lizardo La Rosa).

 

-¡Es impresionante la falsedad de nuestros dirigentes políticos, que se empeñan en proteger las ganancias de las industrias del entretenimiento!  Y seguramente tendrán ellos mismos grandes colecciones de piratería en sus casas. 

En mi ciudad no hay cines, y si le recomiendo a algún profesor de colegio o universidad que trabaje con sus alumnos Avatar implica que deberá comprar la versión pirata.  Acá nos reunimos con amigos en la casa del que tiene la televisión más grande, aunque algunos ingeniosos microempresarios han inventado unas cabinas especiales.   ¡Pero el Estado peruano nos criminaliza por no darle a Cameron unos centavos más de los cientos de millones de dólares que ya viene obteniendo!  

Afortunadamente, el propio Estado no pone ningún interés en hacerlas cumplir, lo cual evita desgracias personales, pero aumenta el descrédito de las leyes.  Sería bueno que nuestros representantes políticos hicieran un esfuerzo por representarnos y mejoren mas bien el acceso de TODOS y TODAS a la cultura, en letras, música y video  (Un funcionario huanuqueño).

 

-En relación a los videos piratas, me parece justificable, porque la piratería cubre un vacío que no es llenado por los distribuidores oficiales.  Respecto a los libros, en el Perú, determinados libros -preferentemente los importados- son caros. Y dentro de estos libros importados hay que distinguir varios casos.

 

Hay libros que se consumen básicamente en el ámbito académico, mediante las fotocopiadoras de las universidades. Lo que hace un pirata es competir con la fotocopiadora y quizás ofrecer un producto con valor añadido al empastarlo.

 

De otro lado, hay obras literarias leídas por una minoría de personas y, como son tan pocos, el precio es muy elevado.  No se importan demasiados Almudenas Grandes, o Murakamis.  En este caso, yo no creo que la gente los leería si bajaran de precio, porque en realidad pocas personas están interesadas en estos libros.  Por eso nunca has visto a Murakami pirateado.

 

Los libros que más se venden (y se piratean) son aquellos fáciles de leer: Harry Potters y Códigos da Vinci, autoayuda, Coelho, ladrones de quesos, El Dedo Meñique o las predicciones de Jossie Diez Canseco.   Muchos de esos libros se venden entre 15 y 20 soles. Los de mayor precio se venden igual y hay gente que los compra sin chistar, porque vienen precedidos de enorme publicidad.   

 

Al respecto, un amigo escritor me dice que la piratería, lejos de favorecer la cultura, la termina aplastando, porque nos confina a leer solo aquellas cosas que los piratas creen que el peruano promedio quiere leer. 

 

Es cierto que a nuestros editores lo que les falta es mucha creatividad para poner libros económicos al alcance de todos.  Yo postulo por ejemplo que frente a la piratería debería pensarse en libros de bolsillo, de formato pequeño y económico, que permitiría pagar las respectivas regalías y mantener los precios bajos (un empresario dedicado a la venta de libros).

En los años ochenta, muchos limeños no sabían quién era Luigi Bruzzone, aunque su labor de difusión cultural contribuía a que pudieran sobrellevar aquellos tiempos difíciles: Luigi dirigía la filmoteca del Colegio Raimondi, el lugar donde, por un módico precio, pude ver Zeta, Nos Habíamos Amado Tanto, El Acorazado Potemkin y tantas otras películas inolvidables.

Un buen día, Luigi regresó a Italia y nadie continuó su labor en el Raimondi. Años después, la Filmoteca de Lima fue adquirida por el Centro Cultural de la Católica, que sólo esporádicamente difunde ese admirable patrimonio. En Pueblo Libre, cerró también el cine club Melies, que funcionaba en la YMCA. Allí vi Rashomon, El Nacimiento de una Nación y varios buenísimos ciclos de Hitchcock.

¿Qué hacen ahora los cinéfilos ansiosos de ver a Griffiths o Kurosawa? Los buscan en algún puesto especializado en piratería. Allí se pueden encontrar también películas europeas o aquellas producciones de Hollywood que son de tan buena calidad, que las distribuidoras se niegan a exhibirlas en los multicines que ahora existen en Lima y otras ciudades.

Sean obras maestras o estrenos de moda, la mayoría de peruanos solamente adquiere películas mediante la piratería. También quienes cada año regresan al Perú para Navidad aprovechan para comprar todos los videos piratas que pueden.

Es verdad que todas estas adquisiciones vulneran el derecho a la propiedad intelectual, pero también es cierto que éste no es un derecho absoluto. Hace varios años, por ejemplo, los gobiernos de Sudáfrica y Brasil decidieron enfrentar el VIH mediante medicinas genéricas, a costa de los derechos intelectuales de los grandes laboratorios, que fijaban precios elevadísimos a sus productos. Gracias a esta decisión, imitada en otros países, muchas personas pueden llevar una vida digna.

Los productos piratas que muchos peruanos adquieren, también permiten satisfacer determinadas necesidades o derechos. “Gracias a la piratería miles de personas tienen acceso a información y educación”, me dice un sociólogo, que no siente ningún problema moral en adquirir para sus hijos videos educativos. “Si no fuera por la piratería, sería imposible que mis hijos manejaran bien el inglés”, me dice otro amigo, profesor en un colegio particular. “Todos mis libros de la universidad eran piratas”, recuerda un médico. “Con lo que me pagan no podría comprar ninguno de estos libros”, me enseña su biblioteca un abogado dedicado a defender campesinos.

Podríamos preguntarnos también cuál es la opción moralmente válida para un padre de familia de escasos recursos económicos: ¿los derechos intelectuales de la Warner Brothers o el derecho a la educación, la información o el entretenimiento para sus hijos? ¿Cuál es la opción para un colegio estatal o una parroquia que desean proporcionar entretenimiento sano a niños o jóvenes? ¿O para quien desea distraer a un familiar que por motivos de salud no puede ir a un cine?

En el Perú se acusa a la piratería de disminuir los recursos fiscales, porque no paga impuestos. Habría que preguntarse si a los ciudadanos inquieta mucho una pérdida de recursos que normalmente no se invierte en satisfacer sus necesidades básicas.

Algunos consideran a la piratería una especie de Robin Hood contemporáneo, porque ayuda a muchas personas pobres, a costa de los ingresos de las transnacionales. Sin embargo, las transnacionales no pierden nada: quien compra un video pirata jamás pagaría el precio de un video original.

En cuanto a los libros originales, también algunos precios parecen una inducción a la piratería. El año pasado, después de ver emocionado la película ganadora del Oscar ¿Quién quiere ser millonario?, me entusiasmó encontrar la novela en una librería… a 160 soles. Parecía que sólo un millonario podría pagar ese precio.

Hay quienes me preguntan qué sentiría si algún vendedor de libros piratas pretendiera ofrecerme El Nuevo Mundo de Almudena. No lo sé. Quizás pensaría que más personas podrán conocer las peripecias de José Manuel. De hecho, fuera de Lima varios periódicos publican las RP sin que yo me entere ni cómo las consiguen.

Aceptando esta realidad, Jorge Miyagui ha titulado uno de sus irreverentes cuadros “Piratea y Difunde”. En realidad, la industria piratera puede difundir obras culturales más allá de los límites de las barreras económicas o geográficas, llegando a ciudades donde no hay cines ni librerías. En realidad, en casi todo el Perú, ni siquiera hay donde comprar videos originales.

Además, el Perú es el único país de la región donde está prohibido a una biblioteca prestar videos al público, por un extraño artículo de la Ley de Derechos de Autor (D. L. 822, artículo 43, inciso f), lo cual genera que hace muy difícil que puedan ser difundidas las grandes colecciones de video que algunas universidades y centros de investigación tienen.

Hace cuatro años escribí: “Para alguien como yo, todavía fiel al embrujo de la pantalla grande, sería muy triste que algunas decisiones comerciales terminaran convirtiendo a la piratería en la única opción de hacer valer el derecho a la cultura” (RP 70).

Gracias al CAFAE de la avenida Arequipa, el Centro Peruano Japonés, el Centro Cultural de España, la Alianza Francesa o la Universidad de Lima, que ofrecen excelentes películas sin cobrar un céntimo, en Lima ese momento no ha llegado. En otros lugares del país, hace mucho que ese momento llegó.

-Pese a la intervención de la OIT, la Ministra de Economía Mercedes Araoz se ha opuesto al incremento del salario mínimo vital, congelado desde hace cinco años. Sí, es la misma Ministra cuya intransigencia frente a las demandas de los indígenas amazónicos fue uno de los factores que generó la crisis de Bagua.

-Un nuevo muerto en Pataz muestra el desgobierno en que se encuentra esta alejada provincia de La Libertad desde que el Alcalde debió retirarse el año pasado. Al parecer, grupos autodenominados “ronderos” controlan parte de la ciudad y los alrededores.

-En lo que va del mes, ya han sido asesinados cuatro obreros por las mafias que controlan las actividades de construcción. Pese a que los beneficiarios de estos crímenes serían ampliamente identificables, las autoridades policiales mantienen una pasividad lamentable.

-Hacemos llegar nuestra solidaridad al sacerdote italiano Mario Bertolini y la emisora Radio Oriente, que vienen sufriendo numerosos abusos por parte de las autoridades debido a su solidaridad con los más pobres en la zona de Yurimaguas. Más información sobre el primero en http://www.youtube.com/watch?v=BPUJDZSbhzE&feature=fvst

-Elevadas multas se aplicarán a los médicos que no escriban el nombre del medicamento genérico en sus recetas.

-Hablando de sanciones, el restaurante La Bodega de la Trattoria podría ser severamente sancionado por la publicación de un aviso discriminatorio.

-La exhibición de las obras de Jorge Miyagui seguirá hasta el 12 de febrero en la galería de Euroidiomas, en la calle Libertad 130, cerca de la avenida Pardo en Miraflores.

-A todos los que pagaron por sus polos antirracistas, les aviso que todos los polos para adultos ya están disponibles. Los polos para niños estarán para este sábado. Los que no pagaron, pero se inscribieron, pueden ir también porque hay una lista. Los que no pagaron, no se inscribieron, pero quieren adquirirlos, pueden encargarlos… En todo caso, llamen al 566-3639 o al 998-513-672 y coordinen con la señora Vania Marquezado (también en info@dynamosports.net).

La frase W:

Mientras haya padres de familia preocupados por la educación de sus hijos,

ninguna campaña contra la piratería resultará.