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-En varios talleres con jóvenes les entrego un mapa del Perú donde deben colocar los aspectos positivos del país. Los chicos suelen mencionar la comida, los trajes o los monumentos históricos, pero pocas veces reconocen que todo lo que admiran fue hecho por peruanos y, si no fuera por los peruanos, no habría nada de lo que nos jactamos de tener. Por alguna razón a los peruanos nos cuesta reconocer que lo mejor del Perú somos las personas. Normalmente nos quedamos en lo material. Todavía nos cuesta reconocernos a nosotros como valiosos y saltan las diferencias como un problema, cuando deberíamos enriquecernos con ellas (Jesús Macedo).

-El sentimiento de los pueblos indígenas no es de libertad sino más bien de opresión. Cada vez que hablamos de nación, país y símbolos patrios con un amigo awajún, éste responde: ¿Somos libres? NO SOMOS LIBRES. OJALÁ algún día lo seamos y que sea para siempre (un músico que trabaja en la Selva).

more…

Además…

-Hablando de las tensiones amazónicas, en muchas comunidades nativas de la Selva Central se teme que los encargados del programa Juntos sean pishtacos interesados en que los niños engorden para llevarse sus órganos.

-Este 24 de junio, será una Fiesta de San Juan muy triste para muchos habitantes de la Amazonía, mientras que las celebraciones en el Cusco se ven amenazadas por las movilizaciones de los habitantes de Sicuani.

-Elidio Espinoza fue ascendido de comandante a coronel de la Policía Nacional, pese a encabezar el Escuadrón de Emergencias de Trujillo, responsable por el asesinato de 46 personas en prácticas de limpieza social. Los crímenes cesaron cuando Luis Alva Castro dejó el Ministerio del Interior.

-La muerte de Alberto Andrade implica la partida de un hombre comprometido con la democracia y enfrentado de manera constante a la corrupción fujimorista. Como Alcalde de Lima, Andrade recuperó el Centro Histórico, priorizando los espacios públicos, como el Parque de Lima, la Alameda Chabuca Granda, el Barrio Chino, la Plaza Italia, promoviendo los Festivales del Sabor y diversas celebraciones culturales. El proyecto Lima Bus, para enfrentar el problema del transporte en Lima, no fue continuado por Luis Castañeda, que prefirió plantear obras mucho más costosas y largas.

-Este 28 de junio a las 3pm, los peruanos y chilenos cansados de la rivalidad entre ambos países han convocado a una marcha que en Lima saldrá de la esquina entre Arequipa y Angamos hacia la avenida Javier Prado. En Santiago de Chile se producirá otra marcha a esa misma hora (ver http://rincondeperuanosychilenos.blogspot.com/)

-La Universidad Garcilaso de la Vega corre el peligro de ser severamente sancionada por la publicación de un aviso discriminatorio.

-Agradecemos a la empresa Barletto y a la sede en Lima de la Universidad César Vallejo por la eliminación de los requisitos discriminatorios en las ofertas de empleo.

La frase W:

Algunos representantes de este régimen se caracterizan por su torpeza, otros por su prepotencia y otros más por su malignidad, pero a ninguno de ellos les preocupan los más desamparados.

Además…

-Felicitamos al programa Enemigos Intimos por denunciar el racismo existente en el canal Plus (donde aparece Mesa de Noche) con su política de elegir conductores blancos, como son blancos también la abrumadora mayoría de invitados. Hace exactamente tres años y una semana, muchas personas le escribimos al director, Flavio Balaguer, recomendándole que aparecieran peruanos mestizos, negros, andinos y orientales, sin que hasta la fecha hubiera ningún cambio.


-Sólo después que 40 niños fallecieron de frío en Puno, el Ministro de Salud viajó a esta ciudad y señaló que hay 12,000 dosis de vacunas contra la influenza, una cantidad totalmente insuficiente para un departamento de más de un millón de habitantes. Insistimos en que en otros países existe más frío que en el Perú, sin que esto genere la muerte de nadie.



-El viernes fallecieron otras 26 personas en dos accidentes de tránsito, la mayoría de ellas cuando cayó a un precipicio un ómnibus en una de las terribles carreteras de la sierra de La Libertad. El Ministerio de Transportes, sin embargo, prioriza las carreteras de la costa, mostrando nuevamente que para el Estado la vida de los habitantes de la sierra es de segunda prioridad.



-Una de las empresas que tanto daño han hecho a la estética de la ciudad inundándola de vallas publicitarias ha denunciado penalmente al alcalde de San Isidro por pretender eliminar los avisos que mermaban la visibilidad de conductores y peatones. En la RP 219 dijimos que estas empresas se caracterizan por los pocos escrúpulos.



-El suplemento Aptitus del diario El Comercio publicó un artículo sobre la discriminación por edad… pese a que todavía aceptan numerosos avisos donde se establece este y otros requisitos ilegales, como los publicados por los colegios Pamer y María de los Angeles.



-Agradecemos al restaurante O Mei por la publicación de una nueva oferta de empleo sin requisitos discriminatorios y a las empresas Beau Peau, Kallmak y Commit por su compromiso de no volverlos a emitir.



El aporte:



Sobre la RP 253: El chofer del automóvil dorado:



-No sé si tu historia termina muy bien… En Lima a veces no se sabe si es más peligroso encontrarse con un ladrón o con un policía (un funcionario de Ayacucho).



Sobre las Recomendaciones para Viajar en Taxi:



-No estoy de acuerdo en que sea conveniente hablar con el taxista. Durante cuatro años fui taxista y siempre agradecía cuando los pasajeros guardaban silencio (un abogado de San Borja).



-Para mí, es más placentero que el taxista y el peluquero se queden callados (un médico de San Isidro).



-Me gusta mucho conversar con los taxistas, especialmente con aquellos mayores, que tienen muchas historias que contar. Solamente el otro día me tocó uno que casi me bajó porque estornudé y se había creído la historia de la gripe porcina (un abogado de Pueblo Libre).



-Siempre converso con los taxistas en Lima, pero como soy muy blanca, cuando les pregunto de qué parte son, tengo que evidenciar que para mí no es nada negativo que no sean limeños. Otra cosa que he aprendido en los últimos viajes es a dejar de regatear con los taxistas (una activista de derechos humanos, residente en los Estados Unidos).



-Discrepo de la regla 9, pensando en mujeres, además blancas y además extranjeras. Por eso siempre digo a mis estudiantes gringas que avisen el número de la placa del taxi (una profesora de la Universidad Católica).



La frase W:



Atreverse a enfrentar la discriminación en broma es uno de los aspectos más serios de la lucha contra el racismo.

El automóvil era amplio, antiguo y bien conservado. Su color dorado brillaba ante el sol de un verano que se resistía a marcharse. El conductor, de unos treinta años, blanco, de cabello negro, vestido formalmente, estaba parado al costado. Su elegante vehículo se había quedado detenido en plena intersección de dos solitarias calles de Jesús María y él no tenía forma de moverlo para hacerlo arrancar.



Pasaron dos jóvenes de rasgos andinos, con ropa deportiva y gorra. El conductor esquivó su mirada, intentando inútilmente ocultar su temor. “Evite hacer contacto visual”, dicen algunos manuales de seguridad. Los muchachos, obreros de una construcción cercana, siguieron su camino, distraídos en su conversación, sin ver el automóvil malogrado.



Apareció otro transeúnte, algo mayor, caminando apurado. Llevaba un polo que decía Máncora y una gorra negra, que decía Basta de Racismo. El conductor desvió la mirada nuevamente. El transeúnte, que era este cronista, lamentó que el conductor estuviera tan atrapado por la paranoia frente a la delincuencia y por los prejuicios raciales que fuera incapaz de pedir ayuda.



Seguí mi camino, fingiendo indiferencia, pero en mi interior se producía un intenso debate: “¿Por qué no lo ayudas? ¿Será que no te da pena porque es blanco?”. “¡Si me pidiera ayuda, claro que iría a empujar el auto!”. “Anda a ayudarle. No es culpa suya que esté asustado: su entorno social le ha creado temores hacia los desconocidos, más aún si son de piel más oscura”. “Pero si me acerco, va a asustarse más de lo que está. De repente tiene una pistola”. “¿No serás tú el paranoico y racista? “¡No! No quiero llegar tarde a mi reunión en la universidad. Seguramente él ha llamado a su seguro”. “¿Y si no tiene? Recuerda que hace unos meses, ayudaste a una pareja a empujar su auto”. “Sí, y me pusieron cinco soles en la mano, como si yo fuera un indigente” “No te sientas humillado por eso. Puedes usar la plata para ayudar a verdaderos indigentes”.



Pronto anochecería. Para mí, de noche y de día, Jesús María es uno de los lugares más apacibles del orbe. Por la expresión del conductor, parecía creer mas bien que sería su última morada.



Por fortuna para el automovilista y para mi conciencia, frente al edificio de donde habían salido los dos obreros, había un joven policía.



-Creo que ese señor necesita ayuda.



-¿Hay que empujar? –preguntó sonriendo.



Quizás estaba entusiasmado por la perspectiva de hacer el bien o quizás pensaba en los cinco soles de propina que recibiría.



Para alguien que normalmente confía en sus conciudadanos, es lamentable escuchar a otros limeños envueltos por la paranoia en relación a ser asaltados. Evidentemente, mi tranquilidad contrasta con la actitud angustiada de otras personas, que repiten sin cesar historias dramáticas y hasta perturban la tranquilidad del prójimo enviando correos electrónicos masivos llenos de tantas advertencias que dan ganas de llevar chaleco antibalas para ir a comprar pan.



Es innegable que en una ciudad con ocho millones de habitantes, existe delincuencia… pero la desconfianza que existe entre los limeños está también ligada al racismo: la mayoría de habitantes, por ser mestizos o andinos tiene “apariencia de delincuente”.



Dicen que uno debe desconfiar de los desconocidos. Yo converso con taxistas, cobradores de combi u otros transeúntes. Dicen que tomar taxi en Lima es un riesgo. El único incidente negativo que puedo recordar al respecto en las personas que conozco, le ocurrió a una prima mía que creyó que el taxista la iba a asaltar… en 1992. Quizás algún día me habrá tocado un delincuente que se hace pasar por taxista, pero supongo que le caí simpático o se rió con mi selección de chistes para taxistas.

Para mí, que llevo a tanta gente a pasear por el centro de Lima, de día o de noche, sin que ocurra ningún incidente negativo, es interesante apreciar que los peruanos son quienes tienen más temor cuando están rodeados por sus compatriotas en el Jirón de la Unión o algún parque. Los extranjeros simplemente ven las caras que esperan encontrar en el Perú.


Hay excepciones, claro. Hace unos meses conocí a una salvadoreña que trabajaba en una organización financiera internacional. Con un mes en Lima, no conocía ni el ají de gallina, ni la chicha morada, ni los alfajores. Jamás salía del perímetro de unas quince manzanas de San Isidro y nunca había tomado un taxi ni menos se había subido a una combi. “Me han dicho que no debo hacerlo”, me dijo. Me dio mucha pena que estuviera tan aislada… pero pensé también que algunos limeños, si pudieran, también vivirían así.



Mientras el policía se dirigía presuroso hacia el automóvil dorado, me sentí aliviado. Seguí mi camino, pensando cuánto tiempo habría esperado el conductor hasta que encontrar alguien de apariencia confiable para pedirle ayuda.

Hace unos meses, quise averiguar cómo los limeños percibían a los indígenas amazónicos. Pasaba en un taxi ante el local de AIDESEP y vi que dos dirigentes tocaban la puerta.


-Señor –le pregunté al taxista –para usted dos personas como los que están al frente…



-Son choros, ¿no? –me interrumpió él.



En esos mismos días, unos indígenas achuares que habían venido a una reunión en el Ministerio del Ambiente fueron impedidos de ingresar a un chifa de San Borja porque la propietaria creyó que eran indigentes.

Bajos de estatura, de piel cobriza, ojos rasgados, cabello negro y lacio, los indígenas amazónicos suelen sufrir diversas formas de discriminación en Lima y las ciudades de la selva.



Sin embargo, la peor forma de racismo hacia ellos es la que practican las autoridades peruanas. El propio Presidente Alan García lo ha manifestado cuando sostiene que sus tierras son “de todos los peruanos”, pretendiendo convertir a los nativos en usurpadores de sus propias tierras. En los artículos que García publicó en el 2007 tildaba a los indígenas de ser los “perros del hortelano”, responsables de la pobreza del Perú al impedir que grandes capitales ingresen a sus territorios ancestrales.



Desde la expedición de Francisco de Orellana, quien hacía torturar a los indígenas que hallaba a su paso para que confesaran donde se encontraba El Dorado, la mayor desgracia para los indígenas amazónicos ha sido la codicia que despiertan las riquezas existentes en sus tierras, sean reales o supuestas.



La Independencia de los países americanos no generó para los indígenas mayores beneficios: las élites criollas de Perú, Brasil, Colombia o Ecuador invocaban derechos territoriales sobre la Amazonía y negociaban límites nacionales sin ninguna consulta a sus habitantes ancestrales.



El Estado peruano no percibía a los indígenas amazónicos ni como ciudadanos ni como peruanos y adjudicaba “las tierras de Montaña” a quien quisiera, menos a los propios indígenas. Con este respaldo legal, se produjo la ocupación de la Selva Central por los colonos europeos y, con el auge del caucho, miles de indígenas fueron capturados violentamente para trabajar como esclavos en las plantaciones de Arana, Fitzcarrald y otros individuos inescrupulosos.



Luego que las plantaciones de caucho decayeron, continuó promoviéndose la colonización indiscriminada de la Amazonía, quedando los indígenas confinados a territorios cada vez más pequeños.



Recién en 1974, el gobierno de Velasco promulgó la Ley de Comunidades Nativas e inició el proceso para titular sus tierras, aunque la actitud de los indígenas suele ser distinta del derecho occidental de propiedad: muchas veces son los nativos quienes sienten que pertenecen a la tierra.



Lamentablemente, para el actual gobierno, los títulos de propiedad parecen tener poco valor, pues se ha empeñado en otorgar masivamente concesiones a empresas petroleras o de gas sin ninguna consulta o información previa a los indígenas. Las últimas concesiones fueron otorgadas hace pocos días, mientras se producían las actuales protestas.



Las normas aprobadas el año pasado agravan la situación. Por ejemplo, el Decreto Legislativo 1064, permite realizar actividades extractivas en las comunidades aunque lo rechacen los nativos, mediante la imposición de una servidumbre. Para los indígenas amazónicos resulta doloroso ver cómo el petróleo y el gas generan grandes ganancias para otros, mientras ellos sufren la contaminación, la pobreza y el abandono.



No es necesario ir muy lejos para imaginar algo diferente. Los wampís que cruzan la frontera encuentran, en plena selva amazónica ecuatoriana, todo tipo de médicos especialistas y una infraestructura adecuada. El Perú es el país latinoamericano que invierte menos en la salud de su población indígena y este desinterés es, para nosotros, una de las muestras más fuertes de racismo. A nivel educativo, el actual gobierno ha generado una seria crisis, al impedir que muchos jóvenes indígenas puedan convertirse en profesores, obligándolos a rendir el mismo examen establecido para los estudiantes limeños, sin tomar en cuenta diferencias culturales o lingüísticas.



Resulta impresionante la contradicción entre las acciones reales del gobierno con el empeño que puso la delegación peruana ante las Naciones Unidas para promover la Declaración sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, donde aparecen el respeto a los territorios tradicionales, la participación de los indígenas en las decisiones que les afecten y el cumplimiento de los derechos a la salud y a la educación. Esos mismos puntos ya están presentes en el Convenio 169 de la OIT, que el Perú ratificó en 1993, pero que las autoridades actuales parecen desconocer totalmente, pese a que la OIT ha expresado varias veces su preocupación.



En la práctica pareciera que para el gobierno actual, los indígenas amazónicos o no existen o son un estorbo. Mientras algunos limeños, que jamás han padecido la exclusión que afecta a los nativos amazónicos, consideran que las movilizaciones indígenas son un acto contra el Estado, para mí son un clamor por ser reconocidos como ciudadanos peruanos, con los mismos derechos.

A LA OPINIÓN PÚBLICA

Frente a la reciente publicación, en un diario local (Correo, 23/4/09), de apuntespersonales redactados por la congresista Hilaria Supa durante un debate en la sede del Congreso, los profesores de la Sección de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica del Perú expresamos a la opinión pública lo siguiente:

1. Existe una sustancial diferencia entre los apuntes personales, como un géneroespecial de la lengua escrita, y otros textos de índole formal, que suponen un trabajo específico de elaboración y revisión. Esta distinción refleja la versatilidad de los redactores, quienes son capaces de distinguir entre diversas formas del código según el contexto en que la escritura se produce. Así, un redactor puede estar en condiciones de escribir a un amigo un mensaje electrónico en un registro coloquial y, minutos después, elaborar un artículo académico en un registro formal. Por tanto, desde el punto de vista lingüístico, es engañoso juzgar el manejo de la escritura que tiene un redactor sin tomar en cuenta esta distinción de géneros y registros.

2. Las faltas de ortografía y redacción contenidas en el texto fotografiado por Correo son expresión de la base fonológica y gramatical que la congresista Supa posee en virtud de su lengua materna, el quechua. Esta base genera, como es natural, una influencia en la adquisición del castellano como segunda lengua. Este tipo de influencia es común entre los bilingües quechua-castellano, quienes, en su gran mayoría, no han podido consolidar su aprendizaje del segundo idioma en condiciones apropiadas, como las que podría brindar la educación intercultural bilingüe, por razones políticas y económicas. Por tanto, no se puede juzgar la competencia en la escritura castellana de la congresista Supa como una dimensión independiente de su condición de quechuahablante, y hacerlo constituye una manipulación de los hechos lingüísticos.

3. Los problemas de ortografía propios de los bilingües, como el cambio de las vocales i/e y u/o y las faltas de concordancia, constituyen elementos importantes de un estereotipo acerca de los quechuahablantes que se ha generalizado en una sociedad jerarquizadora como la peruana. Este estereotipo consiste en pensar que dichos hablantes son, por necesidad, individuos carentes de inteligencia, cultura y educación, individuos que pueden ser calificados, en suma, de personas ignorantes. De este modo, a partir de las faltas mencionadas, Correo infiere que la congresista Supa posee las características descritas, lo que queda reflejado en el titular de portada “¡Qué nivel!” (Correo, 23/4/09) y en la columna de su director (24/4/09), en la que afirma: “Tocábamos el tema [de la escritura de la congresista] porque nos preocupa que el bajo nivel intelectual del Congreso dañe tanto a nuestra democracia”. Queda claro, pues, el carácter discriminador de este procedimiento, basado en un estereotipo.

4. Otro hecho que es indispensable considerar en este caso reside en que las interferencias del sistema vocálico y de la sintaxis del quechua en el castellano constituyen dos de los rasgos lingüísticos más estigmatizados por los monolingües castellanos en el habla de los bilingües; es decir, estamos ante una de las características lingüísticas que con mayor frecuencia se utilizan para juzgarnegativamente a dichos hablantes y discriminarlos. Quienes insisten en juicios como los que son materia de este pronunciamiento contribuyen a perpetuar unamanifestación de violencia lingüística que se ha venido infligiendo en el Perú desde hace siglos contra los hablantes de lenguas indígenas cuando se expresan en castellano.

5. Todas las lenguas constituyen una reserva de sabiduría acumulada por generaciones de hablantes que han tenido una particular e irrepetible relación con el mundo. Desde el punto de vista lingüístico, valen tanto, pues, el quechua como el castellano, el asháninka como el inglés, el shipibo como el chino. Sin embargo, en nuestro país, la falta de manejo de un aspecto del castellano —la escritura— se entiende por algunos como una carencia inadmisible en alguien que ejerce un cargo de representación, mientras que gran parte de los hablantes del castellano no reconocen como un problema la ignorancia de aspectos básicos del quechua, del aimara y de las lenguas amazónicas. Desde nuestro punto de vista, esta percepción expresa falta de cultura y, a la vez, refleja la desigual distribución de espacios de poder no solo para las lenguas peruanas sino también para sus hablantes.

6. Por todas estas razones, los profesores de la Sección de Lingüística de la Pontificia Universidad Católica del Perú condenamos este acto de discriminación y violencia lingüística. Actos como estos son inaceptables en una sociedad democrática, embarcada en la búsqueda de una convivencia creativa y enriquecedora entre sus diversas matrices culturales. Sin embargo, nos complace, al mismo tiempo, ser testigos de la pluralidad de reacciones en contra que este hecho lamentable ha generado. (27/04/2009)

A comienzos de abril, invitado por la Congresista Hilaria Supa, estuve en el Cusco para hablar en un conversatorio sobre el Proyecto de Ley 2016 que ella ha presentado. Ese proyecto establece que no se podrá realizar actividades mineras o petroleras en tierras comunales si los campesinos y nativos no han dado su aprobación.


Naturalmente, este tipo de iniciativas convierten a la congresista Supa en un personaje incómodo para determinados sectores y yo creo que fue la razón por la cual el jueves pasado Aldo Mariátegui intentó desprestigiarla, mostrándola como una persona incompetente debido a las faltas ortográficas descubiertas en sus apuntes.



Seguramente Mariátegui supuso que este “destape” iba a generar mucho rechazo hacia la Congresista. En realidad, es él quien ha recibido el rechazo mayoritario de muchos peruanos, que ya se sentían indignados con sus ofensivas columnas donde un día se denigra a Ernesto De La Jara, otro a Magaly Solier y un tercero a Salomón Lerner. Mariátegui además ha insistido en mantener en el diario Correo al columnista Andrés Bedoya Ugarteche, personaje tan abiertamente racista que sostiene que bolivianos y puneños no son seres humanos.



En este caso, además, Mariátegui se burlaba de los apuntes personales de Hilaria Supa, ,sin tomar en cuenta que el castellano es su segunda lengua, que ella sólo pudo aprender a leer y escribir cuando ya era adulta y que una severa artritis le impide escribir con fluidez.


Lamentablemente, Mariátegui no es el único que hace escarnio de los millones de peruanos cuya lengua materna no es el castellano: muchos escolares y universitarios de origen andino que hablan con acento quechua son ridiculizados y tildados de “motosos” por sus compañeros y profesores. Sin embargo, si éstos oyeran a un francés o un alemán hablar con dificultad el castellano probablemente dirían “¡Qué bien se le entiende!”.



Mariátegui ahora sostiene que tenía la sana intención de promover que se exija título universitario a los congresistas. En realidad, ni es un requisito que la Constitución contemple, ni una trayectoria académica garantiza mejores consecuencias para el país, como podemos apreciar desde Fujimori hasta Martha Hildebrandt.



Aldo Mariátegui podría recordar que su insigne abuelo, José Carlos jamás fue a la Universidad, pero es evidente que no lo tiene como modelo ni como ejemplo. Toda comparación entre la revista Amauta y el diario Correo resulta penosa.



Al pretender excluir a los campesinos del Congreso, Mariátegui los ubica como ciudadanos de segunda categoría. Su argumentación, sin embargo, coincide con la actitud de quienes han convertido su formación profesional, en una causal para discriminar a sus compatriotas que tuvieron menos oportunidades. Personalmente, me molesta mucho cuando los títulos académicos se esgrimen con altivez, como si fueran títulos nobiliarios.



Un título no convierte a nadie en más sensible, más comprometido o más lúcido. Recuerdo bien que esto lo aprendí en 1986, en una parroquia de Carabayllo. Una noche, apoyaba un taller sobre derechos humanos y encontré que los jóvenes asistentes sabían mucho más de la realidad del Perú, del conflicto armado o de las políticas de Alan García que la mayoría de mis compañeros de la Universidad.



Desde entonces, con centenares de campesinos o nativos amazónicos, con Jueces de Paz o ronderos, he sentido que en las actividades de capacitación era yo quien realmente aprendía de personas que, sin mayor educación formal, tenían análisis mucho más profundos, porque partían de experiencias concretas. Hace poco, en un curso para jóvenes del Cono Este, le pregunté al participante que hacía las intervenciones precisas qué estudiaba.



-Nada. Vendo lapiceros en los micros –me contestó.



En todo caso, si la formación profesional es un privilegio en nuestro país, quien la ha obtenido tendría la responsabilidad de poner sus conocimientos al servicio de los demás.



En medio de este penoso incidente, ha sido muy positivo que el Congreso de la República haya condenado la conducta de Mariátegui, pero para que estos hechos no se repitan, sería necesario mejorar el tratamiento penal sobre la discriminación, incorporando el concepto de injuria racista o crímenes de odio. En el Ecuador, desde hace unas semanas, se sanciona con prisión a quienes por algún medio de comunicación inciten al odio o desprecio hacia una persona por su color, origen u otros factores. El Perú no podrá avanzar hacia una sociedad inclusiva mientras las agresiones racistas continúen con total impunidad.



Cuando uno conoce a Hilaria Supa, queda impresionado por su experiencia desde muy niña como trabajadora del hogar, sus años liderando el movimiento campesino, sus valientes denuncias de las esterilizaciones forzadas en tiempos de Fujimori. La víspera del conversatorio en el Cusco, ella, pese a sus problemas de salud, viajó a su comunidad para participar en la siembra de papas. Ante Hilaria Supa, realmente me siento muy pequeño y ningún título académico podría cambiar esta sensación.

Para conocer más sobre Hilaria Supa puede verse:

http://www.youtube.com/watch?v=hGfg20vffbc&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=u1gHQLxaasc

http://www.youtube.com/watch?v=sfohEAt-rjw&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=fckg9sOQwBA&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=SXI00IuZLng&feature=related

Cuando yo era niño, existían muy pocos vigilantes en Lima. Aparecieron a principios de los años ochenta debido a la violencia política (aunque algunos limeños con problemas de memoria declaren que recién el atentado de Tarata generó inseguridad en la capital). Actualmente, los vigilantes siguen siendo infaltables en bancos y restaurantes, farmacias y colegios, ONGs y ministerios. Sin embargo, curiosamente, muchas personas protegidas por ellos, los ven con menosprecio.

Un ejemplo cruel lo vi hace años en San Borja. Era febrero y un grupo de niños y adolescentes con baldes y globos se divertían mojando huachimanes. Escogían a los más andinos, sabiendo que no se atreverían a reaccionar frente a muchachos blancos y adinerados.

Sin embargo, aún en ambientes progresistas, los vigilantes pueden ser percibidos con indiferencia. Hace unos años, mientras daba una charla sobre racismo en la Universidad Católica, un alumno pedía que los asistentes se adhirieran a un pronunciamiento contra este problema. Al único que no se acercó fue a un vigilante. El estudiante pasaba una y otra vez ante él, como si no pudiera verlo.

Terminada la actividad, me dirigí hacia el vigilante, quien firmó con entusiasmo el pronunciamiento. Se llamaba, lo recuerdo bien, Faustino Pari y sus marcados rasgos andinos revelaban que de todos los presentes era seguramente quién más padecía racismo. “Su uniforme lo hace invisible”, comentó un amigo chileno el incidente.

En realidad, tantas personas se comportan ante los vigilantes como si fueran “no personas”, seres sin familia, sin sentimientos, sin emociones, que normalmente ellos aprecian mucho cuando alguien los saluda.

Un 24 de diciembre, caminaba con un amigo cerca de mi oficina, cuando el vigilante de un chifa me vio y me abrazó.

-¿Vienes siempre a comer acá? –me preguntó mi amigo.

-Nunca he venido, pero siempre saludo al señor –le contesté.

Naturalmente, peor que el desprecio son las pésimas condiciones en que muchos vigilantes trabajan, especialmente quienes se encuentran en situación informal, sin seguro, vacaciones o gratificación. Me es difícil entender cómo muchas familias logran dormir tranquilas, mientras afuera, en la puerta de su casa, un pobre hombre se encuentra a la intemperie, sentado en una silla blanca o inclusive de pie.

Los vigilantes que trabajan para empresas de seguridad, normalmente sí reciben sus beneficios laborales, pero los sueldos son muy reducidos en relación a los riesgos que enfrentan. Eso sí, se les descuenta el pago para la AFP, a pesar que difícilmente llegarán a jubilarse. En algunas empresas, son obligados a firmar una carta de renuncia que bloquea cualquier posibilidad de reclamo laboral.

En una especie de revancha hacia el más débil, algunos vigilantes se convierten en los más discriminadores frente a quienes consideran inferiores.

En este contexto, resulta sorprendente la labor de la empresa de seguridad J&V Resguardo, considerada uno de los mejores lugares para trabajar en el Perú por sus 30 programas de estímulo (desde préstamos hasta cursos de capacitación) a sus trabajadores, denominados Líderman, Cuando he conversado con algún Liderman, siempre realzan sus buenas condiciones de trabajo. Algún vigilante ha exclamado sonriente, como quien descubre súbitamente a un amigo:

-¿Usted también pertenece a la familia Líderman?

Vigilante Soy ( http://www.youtube.com/watch?v=fagI3NCHBtM)es la canción que J&V ha promovido para generar una mayor autoestima entre sus vigilantes. Estanis Mogollón, el famoso compositor de Máncora, que trabajó también como vigilante, es el autor de la letra; el Grupo 5 puso la música y el director del video es Jorge Angobaldo, productor de Reportaje al Perú. La producción ha estado a cargo de la agencia Toronja, dirigida por Gustavo Rodríguez, quien se ha enfrentado frontalmente al racismo en la publicidad. Algunos vigilantes señalan que con este video, Toronja se reivindica frente al recordado comercial Yungay (http://www.youtube.com/watch?v=ixoLN1NVolg).

Mientras Yungay buscaba divertir, Vigilante Soy cuestiona una serie de barreras sociales y étnicas que subsisten en nuestra sociedad. ¿Puede una mujer peruana enamorarse de un compatriota sin tomar en cuenta su condición social? Por eso, aunque Vigilante Soy parece un video romántico tiene un carácter profundamente transgresor.

Seguramente, muchos vigilantes se habrán identificado con frases tan duras como:

Quizás comentaránque no merezco tu cariño,que tú mereces más.

Las referencias a la diferencia de clases y al amor que va más allá de “ideas, credo o nivel social” guardan semejanza con El Plebeyo, con la diferencia que éste tiene una connotación de amargura, frente a una estructura infranqueable propia de un mundo estamental. En Vigilante Soy, escrita ochenta años después, para una sociedad mucho más compleja, existe una connotación de esperanza, esfuerzo y superación.

Algunos amigos han señalado que el asalto parece tan falso, que seguramente el mismo vigilante le pagó a los supuestos delincuentes. Otros sostienen que toda la historia es una bonita ficción y que los vigilantes nunca pueden cumplir sus muchos “sueños por realizar”. Es posible, pero también puede ser que la ficción logre vencer prejuicios y cambiar la realidad.

-La súbita muerte de Eduardo Camana, sobreviviente de la masacre de Lucanamarca, en la clínica del Hospital Militar muestra la precaria situación en que se encuentran muchas víctimas de la violencia. Debe aclarar su responsabilidad el congresista Edgar Núñez, quien dispuso el abrupto traslado del señor Camana del hospital neurológico donde estaba siendo tratado.


-Hablando de víctimas de violencia, según diversas autoridades ayacuchanas, el 6 de marzo el campesino Isidro Velásquez habría sido asesinado por una patrulla militar. Aparentemente, cuando sus dos hijos, Reinaldo y Sergio, fueron a recoger su cadáver, junto con otros cinco comuneros: Juvenal y Ernesto Cusihuamán, Orestes Chocce, Conrado Cerina, y Emiliano Ccuriñaupa. Estas graves denuncias guardan similitud con el asesinato de la familia Pichardo (RP 223) y la detención de los campesinos de Chacas (RP 128).



-Siempre en el mismo tema, el lunes 23, el joven taxista José Palomino Aquije se convirtió en la tercera víctima de la violencia policial en lo que va del año, al morir de varios disparos en Chincha. Los policías que dispararon señalan que lo confundieron con un delincuente. Al mismo tiempo, tres policías han sido severamente sanconados por golpear brutalmente a un adolescente en la comisaría de Sicaya (Huancayo).



-Hablando de violencia policial, se han trasladado a Lima varias personas que señalan estar amenazadas por el “escuadrón de la muerte” que en Trujillo ha asesinado a casi cincuenta personas.



-Gracias a las gestiones de Mario Vargas Llosa, el Presidente García aceptó la creación de un Museo de la Memoria en Lima (en Ayacucho existe desde hace varios años). Varios de los casos anteriores deberían estar allí (RP 242).



-Hablando de García, durante la semana tuvo una lamentable intervención pública, vinculando los rasgos físicos andinos y la geografía de la sierra con discutibles características psicológicas.



-Se acabó la discriminación a las trabajadoras del hogar en los clubes Terrazas, Regatas y en varios otros. Hoy, 30 de marzo, Día de las Trabajadoras del Hogar, se ha publicado el D.S. 004-2009-TR que prohibe exigir uniforme a las trabajadoras del hogar en parques, clubes y otros lugares. Como señalamos en la RP 244, se precisa que los responsables de los clubes pueden ser denunciados según el artículo 323 del Código Penal.



-La semana que pasó las páginas sociales de El Comercio mostraron por primera vez a varias mujeres andinas y afroperuanas: el 25 apareció Magaly Solier en la presentación de su disco Warmi; el 26 fue el turno de Eva Ayllón, Teresa Izquierdo y su hija Victoria en una reunión en la embajada de los Estados Unidos realizada en enero y el sábado 28 apareció la joven tablista Nora Quispe. No sabemos si la señora María Elena Peschiera ha incorporado una perspectiva pluralista o si han sido tres extrañas casualidades.



-La filial peruana de Avon y La Posada del Angel de Barranco pueden ser severamente sancionadas por sus avisos discriminatorios. Al mismo tiempo, agradecemos a la Directora del Colegio Trener y al Estudio Carranza Valdiviezo por la decisión de no volver a publicar ofertas de empleo discriminatorios.



-Nos hemos dirigido al Instituto Nacional de Cultura para pedir que terminen las prácticas de discriminación por vestimenta indígena que señalamos en la RP 244. Mantendremos a los lectores al tanto de las novedades.



-Con una insensibilidad impresionante, la Ministra Elena Conterno se ha opuesto al incremento del salario mínimo, que ha permanecido inmóvil desde hace más de dos años.



-Ocho años después que se realizaron las primeras solicitudes, por fin se han proporcionados mascarillas para proteger de la contaminación ambiental a las policías que dirigen el tránsito en Lima.



El aporte (sobre la RP 244):



-Si en el mismo Poder Judicial se restringe el ingreso en short, estamos fregados en el Perú (una lingüista de Pueblo Libre).



-Me indigna que se estén cometiendo estos abusos en Macchu Pichu. ¿Es que la lucha contra la discriminación no tendrá fin? (una socióloga alemana).

-A nosotros también nos discriminaron en Macchu Pichu: no nos dejaron ponernos nuestras cushmas (un profesor asháninka).



La frase W:

A quienes la conciencia no les impulsa a tratar con justicia a un vigilante, siquiera debería motivarles el egoísmo.

-Discúlpela, es arequipeña –comenta una chica de Puno, cuando una compañera se equivoca al contestar una pregunta.

He participado en centenares de actividades educativas con personas de todo el país y nunca he escuchado a los chiclayanos hablar mal de los piuranos o a éstos mofarse de los cajamarquinos. Sin embargo, aún en eventos sobre derechos humanos, numerosos participantes del sur del país se hacen bromas agresivas entre sí o se perciben con recelo unos a otros.

La animadversión puede llegar a extremos bastante más serios que unas bromas. Durante las protestas de este año, muchos habitantes de Moquegua generaron adrede un grave desabastecimiento a Tacna, bloqueando la Carretera Panamericana y, meses después, un grupo de tacneños atentó contra el canal que proporciona agua a Moquegua.

La lista de conflictos y rivalidades en el sur es inacabable: los habitantes de Abancay rechazan tanto a los andahuaylinos, sino a los cusqueños, percibidos como arrogantes. Los cusqueños mantienen una fuerte rivalidad con los arequipeños, mientras que los puneños sufren rechazo en Arequipa y Tacna, donde han migrado en los últimas décadas. Andrés Bedoya, columnista arequipeño de Correo, se jacta de señalar que los puneños no son seres humanos, sino indios.

En algunos casos, el rechazo al otro parece haberse convertido en una expresión de identidad, e inclusive es defendido como un “elemento cultural”. En Chumbivilcas, todos los años, algunas comunidades campesinas libran verdaderas batallas campales, que dejan numerosos heridos, como si fuera una prueba de valor. En Huamanga, este año, una publicación auspiciada por la sede del INC, incluyó una serie de “huantinadas” es decir comentarios procaces de los huamanguinos hacia los huantinos.

Las consecuencias de estas rivalidades afectan la vida personal, por cuanto muchas familias no aceptan fácilmente que un integrante suyo se vincule a alguien proveniente de la ciudad o la región “rechazadas”.

En el ámbito laboral, existe mucha insistencia para que no se contrate a personas “foráneas”, pese a que estén bien calificadas. Esta exigencia no se basa en que sea necesario manejar el idioma local o estar familiarizado con la cultura o la geografía, sino a que se considera que los cargos públicos deben ser para los lugareños. Los adversarios del asesinado alcalde de Ilave, Fernando Robles, le acusaban de contratar “personal de fuera” (muchos de Juliaca o Puno) dejando de lado a los profesionales ilaveños.

Algunos de estos problemas se deben a que los departamentos andinos fueron creados de manera artificial, sin una verdadera identidad común. La construcción de carreteras en el siglo XX contribuyó a la fragmentación, pues fueron diseñadas para unir las diferentes provincias con la costa, pero no entre sí. Un vecino de Coracora o Puquio difícilmente conoce Huamanga y un habitante de Cotabambas debería viajar varios días para llegar a Abancay.

De otro lado, varias capitales departamentales tradicionalmente han sido sede de una élite que percibía con desdén a las demás provincias. Un ejemplo es que el Gobierno Regional del Cusco ha declarado el quechua como idioma oficial, que debe ser hablado por todos los funcionarios públicos, sin considerar cómo esta decisión afecta a los indígenas amazónicos que viven en la provincia de La Convención.
Hablando del quechua, pese a que es hablado por la mayoría de personas del Sur Andino, no es posible proponer un quechua estandarizado, como existe en Ecuador y en Bolivia, en buena medida porque en cada región sostiene que allí se habla el verdadero quechua y en el resto de lugares “se habla mal”. Estas actitudes sólo terminan perjudicando a los propios quechuahablantes.

Dirigentes políticos sin escrúpulos y, especialmente, periodistas/agitadores manipulan las frustraciones de la población. En los episodios de violencia de este año (secuestro de policías, incendio de locales públicos, apedreo de hospitales), numerosas emisoras radiales han jugado un rol deplorable. Como en la “percepción del bien limitado”, se suele pensar que los beneficios que obtenga la región o la provincia rival serán en desmedro del propio bienestar. En los conflictos más recientes, difícilmente los tacneños o los moqueguanos podrían señalar en qué medida iban a ser menos pobres si no se escuchaban sus reclamos.

Todo este panorama termina generando un fuerte desgaste y bloquea la posibilidad de tener un planteamiento común. “Hemos retrocedido veinte años con este último conflicto” me dice apenado un ingeniero moqueguano.

Las identidades locales o regionales sólo son negativas cuando se expresan como una especie de “xenofobia interna”. El problema es que, a más recursos llegan a gobiernos locales y regionales, debido a la regionalización o el canon minero, más probables serán estos conflictos y es más urgente prevenirlos. A las autoridades y dirigentes les correspondería actuar con madurez a este respecto, pero algunos encuentran más fácil atizar prejuicios y rivalidades. Pierde el Sur, pierde el Perú.