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Hace unos años, un amigo guatemalteco de visita en Lima me pidió que lo acompañara a buscar música peruana. Le estaba recomendando los discos de Felipe Pinglo, Chabuca Granda y Augusto Polo Campos, cuando me preguntó:

-Pero ¿acaso la verdadera música peruana no es la música andina? –me preguntó.

Su comentario me hizo recordar a los extranjeros que se sorprenden al encontrar en las calles de Lima tanta gente que “no parece peruana” por tener rasgos asiáticos, africanos o europeos.

Sin embargo, también es verdad que entre los propios peruanos se suele hablar de culturas andinas y amazónicas, sin reconocer que existe también una cultura criolla, entendiendo por ésta a las manifestaciones culturales que desarrollaron en América los descendientes de los inmigrantes.

Estas expresiones van desde la música y la comida hasta valores y antivalores (como la lamentable “viveza criolla” en el Perú). En algunos países latinoamericanos, la desaparición de casi toda la población indígena llevó a que estas expresiones culturales terminaran convirtiéndose en la “cultura nacional”.

Ahora bien, la cultura criolla peruana no es una cultura netamente blanca o española. Por ejemplo, pese al racismo y las diferencias sociales, sería imposible imaginarla sin los aportes afroperuanos: durante siglos, los blancos de la Costa peruana tuvieron más cercanía con los negros que con la población andina, separada por la distancia y el idioma.

Durante la República los criollos adaptaron a su gusto los elementos foráneos: componían y bailaban valses, pero a un ritmo distinto que en Viena; servían fideos con grandes trozos de carne o pollo (para escándalo de algunos italianos); acompañaban muchos platos con arroz, como los inmigrantes chinos, pero lo preparaban con más sal; incorporaban también elementos andinos como el tamal, infaltable en cualquier “desayuno criollo”. Inclusive muchos nikkei se convirtieron en representantes de la cultura criolla como Luis Abelardo Takahashi (RP 246).

Sin embargo, hacia mediados del siglo XX, diversos factores debilitaron la cultura criolla, desde la influencia de elementos culturales de los Estados Unidos hasta la salida de los criollos blancos de los barrios tradicionales de peñas y jaranas (RP 216), seguidos luego por todos aquellos mestizos y nikkei que podían permitírselo.

Ahora bien, los fenómenos culturales no son totalmente espontáneos. Pueden ser intencionalmente promovidos, generándose en las personas sentimientos de identidad, satisfacción con ellas mismas y con su pasado, como por ejemplo han sido desde hace décadas los programas de música criolla en Radio San Borja.

Cuando esta promoción es llevada a cabo desde una institución pública, los resultados pueden ser mucho más trascendentes. Por eso, fue tan importante la gestión de Alberto Andrade por revalorar la identidad criolla de los limeños. Una primera labor fue recuperar el espacio geográfico del Centro Histórico, reubicando vendedores ambulantes, remodelando plazuelas, creando calles peatonales y restaurando balcones.

Andrade actuó con persistencia, enfrentando la mezquindad y las intrigas del régimen fujimorista y sus esfuerzos obtuvieron respuesta: muchos limeños volvieron a recorrer el Parque de la Exposición, la calle Capón, el Pasaje de los Escribanos o la Plaza San Martín…, mientras otros más jóvenes, lo hacían por primera vez.

Dado que, como buen criollo, Andrade disfrutaba mucho de la comida, logró que las visitas al centro de Lima tuvieran también carácter gastronómico, a través de los Festivales del Sabor, donde muchas señoras de Barrios Altos servían en la Plaza Italia y otros lugares toda la variedad de comida criolla. Los Festivales del Sabor luego fueron imitados en muchos distritos, logrando que “salir a comer comida peruana” fuera parte de la rutina dominical de muchas familias.

En cuanto a la música, el aniversario de Lima, que antes no se celebraba, se convirtió en ocasión de serenatas y verbenas. En lo que había sido Polvos Azules se erigió la Alameda Chabuca Granda, con tres anfiteatros para la presentación de danzas y conjuntos musicales. Como antes en el Parque de Miraflores, una de las primeras obras de Andrade, el público era especialmente invitado a bailar.

Mi impresión era que Andrade realmente quería a Lima y por eso impulsó que los limeños la disfrutaran, tanto los hijos de los viejos criollos como los nuevos migrantes. Eso sí, era una Lima diferente a la que él había conocido de joven y por eso, en los Festivales del Sabor había también comida de todo el Perú y lo mismo sucedía con las danzas.

A la pregunta de mi amigo guatemalteco, le respondí que la música criolla era tan peruana como la música andina y que son peruanas todas las demás expresiones que los peruanos podían crear.

Yo creo que no sólo somos un país de gran diversidad cultural, sino que en el interior de la mayoría de peruanos esa misma diversidad existe. En ese sentido, recordaré a Andrade con mucha gratitud, porque gracias a él yo, como muchos limeños, pude disfrutar el lado criollo de mi identidad cultural.

-El problema del Perú es que no sabemos valorar lo nuestro –me dijo hace unas semanas una estudiante universitaria.

-¿Y qué es lo nuestro? –le pregunté.

No siempre los peruanos queremos decir lo mismo cuando usamos esta expresión, ni siquiera en estos días previos a las Fiestas Patrias, cuando nos llenamos de escarapelas y banderas.

-¿Cuál es la verdadera música peruana? -me preguntó hace años un visitante guatemalteco -. ¿Los huaynos o los valses criollos?

Yo le contesté que ambos eran peruanos y, en realidad, en un país como el nuestro, lo peruano debería caracterizarse precisamente por la diversidad. No existe una sola manera de ser peruano. Hay peruanos vegetarianos y carnívoros; peruanos católicos, evangélicos, ateos y musulmanes; peruanos que van a trabajar en terno y peruanos que van a trabajar en poncho; peruanos que beben masato y peruanos que comen con palitos.

Con frecuencia, estas diferencias se olvidan, pregonándose como elementos nacionales a lo que en realidad corresponde a una parte del país. La llamada “prensa nacional” debería ser mas bien denominada prensa limeña. Existen centenares de licores en el Perú, pero solamente uno, el pisco, es promovido como bebida nacional, al punto que el “pisco de honor” se ha vuelto parte de las ceremonias oficiales. Un amigo antropólogo señala que en todo caso, la bebida nacional debería ser la chicha, que se toma más, sea en el norte o en la sierra, como ocurría ya en tiempos prehispánicos.

Durante mucho tiempo, pretender integrarse a la sociedad “nacional” ha significado para muchos peruanos indígenas trasladares a las ciudades, abstenerse del quechua y dejar su vestimenta tradicional. La cultura de las clases medias y altas limeñas se proyectaba como “la cultura” y estos sectores se encontraban marcadamente de espaldas al resto del país.

Plato a base de fideos y pescado. Colán, Piura.

Sin embargo, en los últimos años, venimos apreciando cambios notables, como ha ocurrido con el genuino orgullo frente a la comida peruana y la creciente simpatía hacia los grupos de cumbia. En un sábado algo más agitado de lo normal, me tocó cantar en karaoke canciones de Aguamarina y el Grupo 5 con unos familiares en San Isidro (el dueño de casa me dijo que sabía que iba a salir en la próxima RP), bailar luego esas mismas canciones en un matrimonio en Los Olivos y volver a cantarlas de regreso a casa con un taxista de San Juan de Lurigancho. En varios colegios particulares más exclusivos, las presentaciones de cumbia se están volviendo parte de todas las actuaciones.

A mi entender, junto con el genuino gusto por la comida y la música existe también un fuerte deseo de pertenencia. Algo así como, “quiero sentirme orgulloso de ser peruano”.

Yo encuentro también esa voluntad en un tercera forma de afirmación de identidad: el uso extendido de peruanismos, al punto que muchos peruanos encontraríamos dificultades para decir “No hagas roche”, “Me gané con un pase” o “Lo han choteado” con otras palabras. Creo que muchas personas de todas las clases sociales realmente disfrutan hablando así y lo he percibido también en varios amigos que viven en el extranjero y les encanta decir choros, tombos o patas cuando están entre peruanos.

Se trata de procesos muy interesantes para surgir precisamente en una sociedad con tantos problemas de autoestima. Ahora bien, la mayor parte de elementos revalorados provienen de Lima o del norte del país, la región que viene alcanzando mayor desarrollo económico. No hay expresiones musicales cusqueñas o arequipeñas que alcancen similar reconocimiento a los grupos de Sechura, Monsefú o Guadalupe. Tampoco existen expresiones de quechua o aymara que se incorporen al habla nacional.

Sin embargo, un caso interesante es el de la cadena Bembos, que al surgir tenía una imagen agringada, pero hace algún tiempo decidió mas bien afirmar su peruanidad, como un valor añadido frente a la competencia. Primero creó “la” hamburguesa peruana, con camote y salsa criolla. Después de unos años, añadieron las hamburguesas a lo pobre y la huachana. Este año, además, han creado una versión norteña, una similar al lomo saltado y otra andina con la salsa cusqueña llamada uchucuta. Como ya comentamos anteriormente, en sus avisos en Cusco, Bembos se anuncia en quechua. (¡Kichasunchis Qosqopi!)


Lo más importante, en todo caso, va más allá que la valoración de fenómenos culturales, porque podría ocurrir como con las construcciones prehispánicas, que suelen ser exaltadas como parte de “lo nuestro”, mientras paradójicamente se mantiene el marcado desprecio hacia los descendientes de los constructores.

Si el proceso de revaloración de “lo nuestro” incluye aceptarnos entre peruanos, entonces verdaderamente habremos avanzado como país y como sociedad. Con estos deseos, unas Felices Fiestas Patrias, para todos ustedes.

Además…

-Centenares de árboles talados, decenas de calles intransitables, numerosos negocios en la ruina. Estas son las consecuencias de la improvisación de la Municipalidad de Lima en la reparación de pistas otorgando concesiones a empresas irresponsables como Conciviles que se limitan a destruir las calles y a dejarlas abandonarlas por un mes o dos.

-Manuel Cavero, Octavio Alazón y Ciro Silva fueron detenidos por repartir volantes que criticaban el corso de los supermercados Wong y trasladados a la Comisaría de Miraflores, tristemente célebre por la tortura a los cuatro ciclistas. Fueron liberados tras varias horas de absurda reclusión. Al parecer, la libertad de expresión se está convirtiendo en un buen recuerdo.

-Felicitamos a la Municipalidad de Sullana por haber aprobado una Ordenanza integral contra la discriminación. Es la quinta norma a nivel nacional y la primera en el norte del país con estas características. La Ordenanza dispone que en los locales que atienden al público tendrán un cartel con la indicación que allí no se practica discriminación.

-Felicitamos a la Universidad Católica por prohibir fumar en todo el campus en cumplimiento de la Ley 28075. Esperemos que pronto las instituciones públicas, los centros laborales, restaurantes, bares y discotecas dispongan las políticas que esta norma ha señalado (RP 90 y 207).

-En sus anuncios de pisco, de manera flagrante la empresa Tabernero ha vulnerado la Ley 28681 que obliga a los anuncios de bebidas alcohólicas a incluir una advertencia sobre los peligros del exceso de su consumo.

-La Defensoría del Pueblo publicó su Informe 135 donde detalla los indignantes abusos cometidos por la ONP hacia los jubilados. Con lo que esta entidad gasta en procesos contra los pensionistas, podría haberles otorgado a muchos de ellos una pensión digna. El Informe puede ser descargado ingresando a www.defensoria.gob.pe

-Un ómnibus de Soyuz chocó contra otro de Flores en Pasamayo generando 25 muertos. Dos días antes, hubo un nuevo asalto en un ómnibus de Soyuz debido a la reiterada práctica de recoger pasajeros en plena carretera.

-El Decreto Supremo 012-2008-DE/EP permite a los militares el empleo letal de sus armas para proteger la propiedad privada y enfrentar el vandalismo, aunque no haya Estado de Emergencia.

-Mientras el gobierno parece empeñado en matar personas, solamente en Puno, ya han fallecido 45 niños, supuestamente por el frío, pero en realidad debido a la falta de previsión de las autoridades. En muchos países hace más frío que en la sierra peruana y nadie muere por ello.

El aporte (sobre la RP 207):

Efectivamente, acá se vende alcohol metílico a los menores de edad, sin que a las autoridades municipales o policiales les interese intervenir (un economista de Ayacucho).

Espero que con estas normas podamos enfrentar el problema del cigarrillo. Hace unos días visité a unos amigos y vi a su hijo, de 17 años, fumando como pocas veces he visto (un asesor parlamentario).

Los fumadores tendremos que aprender a salir a fumar afuera para no molestar (un abogado de Cajamarca).

La frase W:

Funcionario público: Individuo que, entre dos interpretaciones posibles para una norma, escoge siempre aquella que complica más la vida de los ciudadanos.