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-Ha sido impresionante el cariño y gratitud que he visto en estos días hacia Alberto Andrade, particularmente durante la permanencia de su féretro en la Municipalidad de Lima, a pesar del boicot de Castañeda que prohibió y desmanteló el estrado donde se apuntaron mas de 60 artistas, prohibía ingreso a artistas ataviados en ropas típicas de su región. Inclusive la policía municipal tenía orden de quitarles los instrumentos, para que tampoco la gente tocara adentro de la Municipalidad. Sin embargo, los artistas entraban y le cantaban a capela, mientras otro grupo denunciaba a la prensa los hechos. Vi cómo se fajó Edith Bar, que a punta de gritos logró pasar con su guitarra y su cajón. Ingresó también Maximo Damian con su violín y sus danzantes de tijeras y estuvo el carreta Jorge Pérez, entre otros que tuve la suerte de escuchar-…. Nunca vi tanto miedo a un cajón como lo que tuvimos que soportar con Castañeda… (Nora Bonifaz).



-…Y Andrade también rescató a Miraflores, mi barrio, de las garras de la prostitución y las drogas. Antes de su gestión era imposible caminar por el parque Kennedy sin ser atacada por pirañitas o caminar por mi calle sin verse rodeada de pases de drogas o prostitutas. Él llenó Miraflores de flores y bailes. Gracias a él, volvimos a estar orgullosos y orgullosas de nuestro barrio, como lo hicimos luego con Lima gracias al rescate del Centro Histórico. Se extraña realmente un Alcalde con tanto cariño por nuestro distrito. ¡Gracias, Andrade, por tu amor a nuestra ciudad! (Laura Balbuena).

-Lo que me gustaba de Andrade era que no solamente era criollón, sino que lo parecía, con panza cervecera y todo. Por lo demás demostró con harta alegría que se puede ser limeño sin dejar de ser peruano. Y eso es mucho más de lo que muchos pueden decir (Javier A. Bellina).

-Antes del valiosísimo aporte de Gastón Acurio otros levantaron ya la bandera de la comida peruana y es Andrade quien promueve diversos lugares del centro de Lima como sitio de comidas. Y más importante todavía es recordar que, junto a una Lima tradicional excluyente, hay una cultura criolla inclusiva, que en el juego, la fonda, el baile, el fútbol, etc., acogió a quienes han hecho nuestra ciudad. Alberto Andrade fue un representante de ese lado de nuestro ser peruanos (Walter Twanama).

-Los españoles que llegaron al Perú estaban habituados a “tomar prestados” elementos de otras culturas, tras ser ocupados por los árabes durante nueve siglos, hasta el mismo año en que zarparon hacia América. Los criollos tomaron el gusto artístico de los italianos, la estructura familiar y el sistema educativo de los alemanes, el sistema legal de los franceses… pero tuvieron más dificultades para asimilar la cultura andina, a pesar de una fuerte y prolongada convivencia con ella, porque veían a los indios como inferiores. Ese estigma racista ha prevalecido como la tara más importante que impide el desarrollo de una identidad peruana y, en consecuencia, del avance de nuestro país (Enrique Bossio).

-Hace unas semanas falleció una de mis abuelas y algunas tías observaron que quienes cargaban el féretro no eran negros, sino muchachos mestizos y andinos. Otra tía sostuvo que seguramente los negros eran muy caros. Yo pensé que se cobra más por los cargadores negros porque son más escasos.

Alguna vez mi papá me explicó que a esos cargadores negros antiguamente se les llamaban camulengues, una palabra portuguesa para designar a los esclavos. Felipe Pardo y Aliaga denomina José Camulengue a un esclavo negro en el poema El Tamalero.

En mi caso, hace varios años que he indicado a mis familiares que mis cargadores deben ser rubios. Ya es hora de equilibrar un poco la balanza, ¿no? (Un vecino de Jesús María).

Hace unos años, un amigo guatemalteco de visita en Lima me pidió que lo acompañara a buscar música peruana. Le estaba recomendando los discos de Felipe Pinglo, Chabuca Granda y Augusto Polo Campos, cuando me preguntó:

-Pero ¿acaso la verdadera música peruana no es la música andina? –me preguntó.

Su comentario me hizo recordar a los extranjeros que se sorprenden al encontrar en las calles de Lima tanta gente que “no parece peruana” por tener rasgos asiáticos, africanos o europeos.

Sin embargo, también es verdad que entre los propios peruanos se suele hablar de culturas andinas y amazónicas, sin reconocer que existe también una cultura criolla, entendiendo por ésta a las manifestaciones culturales que desarrollaron en América los descendientes de los inmigrantes.

Estas expresiones van desde la música y la comida hasta valores y antivalores (como la lamentable “viveza criolla” en el Perú). En algunos países latinoamericanos, la desaparición de casi toda la población indígena llevó a que estas expresiones culturales terminaran convirtiéndose en la “cultura nacional”.

Ahora bien, la cultura criolla peruana no es una cultura netamente blanca o española. Por ejemplo, pese al racismo y las diferencias sociales, sería imposible imaginarla sin los aportes afroperuanos: durante siglos, los blancos de la Costa peruana tuvieron más cercanía con los negros que con la población andina, separada por la distancia y el idioma.

Durante la República los criollos adaptaron a su gusto los elementos foráneos: componían y bailaban valses, pero a un ritmo distinto que en Viena; servían fideos con grandes trozos de carne o pollo (para escándalo de algunos italianos); acompañaban muchos platos con arroz, como los inmigrantes chinos, pero lo preparaban con más sal; incorporaban también elementos andinos como el tamal, infaltable en cualquier “desayuno criollo”. Inclusive muchos nikkei se convirtieron en representantes de la cultura criolla como Luis Abelardo Takahashi (RP 246).

Sin embargo, hacia mediados del siglo XX, diversos factores debilitaron la cultura criolla, desde la influencia de elementos culturales de los Estados Unidos hasta la salida de los criollos blancos de los barrios tradicionales de peñas y jaranas (RP 216), seguidos luego por todos aquellos mestizos y nikkei que podían permitírselo.

Ahora bien, los fenómenos culturales no son totalmente espontáneos. Pueden ser intencionalmente promovidos, generándose en las personas sentimientos de identidad, satisfacción con ellas mismas y con su pasado, como por ejemplo han sido desde hace décadas los programas de música criolla en Radio San Borja.

Cuando esta promoción es llevada a cabo desde una institución pública, los resultados pueden ser mucho más trascendentes. Por eso, fue tan importante la gestión de Alberto Andrade por revalorar la identidad criolla de los limeños. Una primera labor fue recuperar el espacio geográfico del Centro Histórico, reubicando vendedores ambulantes, remodelando plazuelas, creando calles peatonales y restaurando balcones.

Andrade actuó con persistencia, enfrentando la mezquindad y las intrigas del régimen fujimorista y sus esfuerzos obtuvieron respuesta: muchos limeños volvieron a recorrer el Parque de la Exposición, la calle Capón, el Pasaje de los Escribanos o la Plaza San Martín…, mientras otros más jóvenes, lo hacían por primera vez.

Dado que, como buen criollo, Andrade disfrutaba mucho de la comida, logró que las visitas al centro de Lima tuvieran también carácter gastronómico, a través de los Festivales del Sabor, donde muchas señoras de Barrios Altos servían en la Plaza Italia y otros lugares toda la variedad de comida criolla. Los Festivales del Sabor luego fueron imitados en muchos distritos, logrando que “salir a comer comida peruana” fuera parte de la rutina dominical de muchas familias.

En cuanto a la música, el aniversario de Lima, que antes no se celebraba, se convirtió en ocasión de serenatas y verbenas. En lo que había sido Polvos Azules se erigió la Alameda Chabuca Granda, con tres anfiteatros para la presentación de danzas y conjuntos musicales. Como antes en el Parque de Miraflores, una de las primeras obras de Andrade, el público era especialmente invitado a bailar.

Mi impresión era que Andrade realmente quería a Lima y por eso impulsó que los limeños la disfrutaran, tanto los hijos de los viejos criollos como los nuevos migrantes. Eso sí, era una Lima diferente a la que él había conocido de joven y por eso, en los Festivales del Sabor había también comida de todo el Perú y lo mismo sucedía con las danzas.

A la pregunta de mi amigo guatemalteco, le respondí que la música criolla era tan peruana como la música andina y que son peruanas todas las demás expresiones que los peruanos podían crear.

Yo creo que no sólo somos un país de gran diversidad cultural, sino que en el interior de la mayoría de peruanos esa misma diversidad existe. En ese sentido, recordaré a Andrade con mucha gratitud, porque gracias a él yo, como muchos limeños, pude disfrutar el lado criollo de mi identidad cultural.