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Creo que muchos peruanos nos estamos cegando por la “modernidad de la luciérnaga”, la modernidad que se basa en carteles luminosos, nuevas tiendas y autos nuevos, y no en mayor producción, mayor industria, mejores condiciones de empleo. Espero que no terminemos quemados por la desilusión de esta falsa modernidad que maquilla el racismo y la discriminación social y económica (Héctor Huerto).

 

Cuando estaba en la Universidad mis primeras actividades extracurriculares fueron hacer vacaciones útiles en bibliotecas populares de Carabayllo.  Después, en el activismo de Izquierda Unida y el PUM conversaba mucho con líderes sociales en Comas y Puente Piedra y me parecía que serían  bases sociales de un Perú distinto.  ¡Y sí que fue distinto! (Eduardo Gonzales).

 

Creo que el modelo de desarrollo que se viene implementando en el país, desde el gobierno de Fujimorí hasta el de Alan García, pasando por Toledo favorece la creación de sociedades duales, donde los pobres siempre pueden divisar la ciudad que los excluye, con opulencia para unos pocos y la pobreza para la mayoría, donde gigantescos, modernos y europeizados centros comerciales coexisten perversamente con realidades como la de La Ensenada en Puente Piedra.  Nos han hecho creer que no hay otra forma de lograr el desarrollo y que nadie que llegue al gobierno puede ni debe hacer nada diferente. García ha llegado a decir que él puede impedir que llegue a la presidencia alguien que desee cambiar el modelo económico que ahora idolatra. 

Sin embargo, este camino no es irreversible como quieren hacernos creer y es posible un modelo que dé prioridad a los derechos humanos (especialmente a la educación, salud, territorio, medio ambiente, etc.) de los peruanos y peruanas que siguen mirando desde los cerros de Lima, las comunidades de la  sierra y de la selva a una ciudad que los excluye (Ismael Vega).

 

-A los problemas señalados para el norte de Lima habría que agregar la actividad minera (metalica y no metálica) industrial (pequeña y mediana) y el transporte público, que generan graves problemas de contaminación.  Los centros de salud informan cómo han aumentado en los últimos años las enfermedades de la piel y problemas respiratorios y asmáticos.   Los habitantes de Lomas de Carabayllo y Río Seco tienen altos contenidos de plomo y minerales en su organismo.

De otro lado, mucha gente en Lima Norte no cuenta con servicio de agua potable a domicilio, porque SEDAPAL.  Ellos compran el agua a los camiones cisternas a un precio que más caro que lo que se paga en San Isidro o San Borja (un funcionario de la Defensoría del Pueblo).

 

-Tuve la suerte de estudiar Marketing con Rolando Arellano y él mencionaba que muchas empresas creen que su publico objetivo es la gente que vive en la Lima de los distritos tradicionales y la periferia no tiene mayor importancia, sin darse cuenta que Lima ya no es la de hace 30 años.  La Lima tradicional solo tiene dos millones de habitantes mientras que en los conos viven mas de seis millones y si creemos que entre esos 6 millones de personas no hay gente con capacidad adquisitiva estamos totalmente equivocados.   

A veces en esas zonas hay gente con más capacidad adquisitiva que un limeño tradicional de clase media, que vive en una vivienda alquilada y el resto de dinero se lo gasta en apariencias para codearse con gente de clase alta. 

Ahora bien, aún en las calles polvorientas hay gente que está ganando mucho.  A un médico que tenía su consultorio prácticamente en medio de una invasión, le pregunté por qué no se iba a una zona mejor.  Él me contestó:  “¿Qué es mejor?  ¿Tres citas de 80 soles o cien de 5 soles? Acá la gente hace cola apenas abro, los atiendo rapidito, les receto su medicina y no paran de venir porque no hay otro médico en la zona”.    Tanto este médico como el centro comercial están llenos porque son la única oferta ante tanta demanda, mientras en la Lima tradicional sobran los lugares donde uno puede ir a comprar o atenderse.

Además, mucha gente con capacidad adquisitiva se siente mas cómoda comprando en el Mega Plaza que en el Jockey Plaza, donde hay quienes los miran como delincuentes.   Lo mismo pasa en las discotecas: al “sex symbol” de una discoteca del Cono Norte, seguro ni lo dejan entrar en una discoteca de Miraflores.

Un problema fuerte es la inseguridad que sufren quienes tienen algún signo exterior de riqueza.  Muchas veces en los conos secuestran aún a personas con ingresos relativamente modestos.  Tampoco es lo mismo viajar en  combi por la Arequipa que por la Universitaria, donde cada viaje es una riesgosa travesía (Fernando Nakasone).

 

-Hace muchos años, cuando comenzamos a vivir en mi barrio y veía la acequia que pasaba por mi casa, jamás imaginé que se convertiría en una zona tan caótica y comercial como otros distritos limeños.  Pero es verdad que con la prosperidad ha llegado la inseguridad.   Uno muchas veces sale con temor a que lo cogoteen o a que le hayan vaciado la casa en su ausencia (Carlos Ramírez).

 

Sobre las bolsas de plástico de Makro:

 

A mí me parece muy positivo que un supermercado cobre por las bolsas de plástico para desestimular el uso de bolsas de plastico o bien estimular el reciclaje.  Las bolsas de plástico son contaminantes y terminan generalmente en la calle, flotando en las esquinas o prendidas de los arbustos y los árboles. A mí me desespera cuando te dan bolsas de plástico automáticamente, incluso para cargar cosas que ya vienen con asa, o para llevar minucias que pueden ir en el bolsillo.   ¿Qué pasó con las bolsas de tela que llevaban nuestras mamas para hacer mercado?  (Un abogado).

Tuviste suerte, Wilfredo. Porque lo más frecuente en casos como éste es que te contesten “¿Y tú qué te metes?” o “págame el pasaje entonces, si te sobra la plata”. (Miguel Patiño).

Las empresas de transporte y propietarios los explotan, los pasajeros los menosprecian y el estado es un policía sobornable. Hay mucho que hacer (Franklin Medrano).

También es importante que la gente aprenda a valorar su trabajo adecuadamente. A veces sucede que algunas personas que hacen arreglos menores sienten vergüenza de cobrar por sus servicios y piden que les des “tu voluntad”, cuando deberían valorar su tiempo y pedir que se les pague lo adecuado (Jimena Sánchez).

Esto es cosa de todos los días y existen personas que tienen un buen trabajo, pero muestran su carnet de universitario para pagar el medio pasaje… y muchos de ellos hacen recorridos bien largos. ¿A esas personas les gustaría que les pagaran medio sueldo por tener carnet universitario? Nos falta mucho por aprender, respetar y valorar… (Jenny Manrique).

Esa cultura tonta de la “viveza criolla” en que el que estafa, engaña, etc se siente superior, es terrible. Tu al menos tuviste suerte Wilfredo… A mí, más de la mitad de las veces que intervengo en situaciones similares (así lo diga tranquilo), pues, termino escuchando improperios hacia mí y por supuesto a todos mis antepasados (Abraham Valencia).

En diciembre que estuve en Lima, cuando me subí a una combi el primer día pensé que el pasaje, después de tantos años fuera, habría subido, pero me di con la sorpresa que seguía costando lo mismo. Francamente creo que el pasaje debería subir, al menos un poco. Es también cierto que los trabajos de cobrador y de chofer están bastantes desvalorizado, y todos parecen estar a la defensiva contra ellos. A veces da vergüenza ajena escuchar el largo regateo de ciertos pasajeros por algunos céntimos: creo que cualquiera perdería los estribos estando en el lugar del cobrador. Sin embargo, cuando se rompe el círculo vicioso (por ejemplo, invitando al cobrador un chocolatito comprado a algún vendedor que sube a la combi) se nota que ellos también pueden y quieren ser amables (Rocío Meza).

Yo sí experimento que muchos cobradores y choferes son malcriados. En La Marina a eso de las 10pm, si tomo la línea S hacia Surco y saco el carnet universitario quiere decir que voy a tener un viaje muy incómodo. Los dos, el cobrador y el chofer lo insultan a uno, le llaman “paquete”, pese a que dentro de la combi está el monto del medio pasaje (Un periodista).

Excelente y atinada intervención, pero no menos temeraria, ya que algunas denominadas damas no lo son cuando se le toca el bolsillo o se les trata de ubicar en el contexto adecuado, pero su accionar nos muestra una forma de discriminación hacia el trabajo de otros que consideran inferiores. Ellas pudieron decir “A nosotras todos los días nos cobran china y no voy a pagar más” (un abogado).

Yo me pregunto si el regateo con el taxista llega a ser un ejemplo de falta de consideración o abuso. Este caso está sujeto a la libre decisión de las personas. A veces, acá en Huancayo en una tarde de lluvia, los taxistas piden más y a los pasajeros no les queda otra que aceptar (un estudiante de la PUCP, que sostiene haber recibido “esa mirada reprobatoria” más de una vez).

 

Soy de la idea que no debería existir una tarifa única, sino una tarifa escalonada de acuerdo a la distancia. Si vas más lejos, pagas más. Si usas la misma ruta, debería existir una tarifa promocional mensual, como va a ser en el Metropolitano (Giuliana Higuchi).

Creo que más allá de lo racial existe una fuerte discriminación hacia algunos oficios, que la sociedad no considera buenos y no los desearía para sus hijos. En realidad se trata de oficios indispensables para nuestra sociedad y, cuando muchos peruanos viajan afuera, sus títulos ículo, pero creo que más allá de lo racial es la discriminación a algunos oficios, que la sociedad no los considera buenos (no lo quisieran para sus hijos) pero si necesarios, deberíamos quizá por comenzar a valorar más los oficios de las personas, porque todo se mueve gracias a la acción muy valiosa de dichas personas. Llo anecdótico es que cuando salimos al extranjero esos son los trabajos disponibles y que estamos dispuestos a hacer, porque nuestros títulos o preparación no es valorada, pero si son valoradas actividades como niñera, mesera, cuidadora de ancianos, etc que permiten sostenernos y darnos una vida digna. Acá también esas actividades deberían permitir tener una vida digna.no valen y tienen que hacer de niñeras, empleadas, obreros, meseros, para ganar lo necesario y tener una vida digna. En el Perú estos oficios también deberían garantizar tener una vida digna (Milly Paredes).

Desde que he vuelto de España soy más consciente de la necesidad que puede tener un cobrador para querer cobrarte 20 o 50 centavos más, pero también creo que hay personas que no se pueden permitir ese gasto. Eso no quita que lo primero es respetar las tarifas.  Sin embargo, mientras la lógica de mercado, (compra-venta, qué me ofreces), siga gobernando nuestras relaciones sociales, vamos a seguir siendo los caníbales que somos con nuestros vecinos.

Ahora bien, hay transportistas que buscan maximizar sus ganancias recortando sus rutas reglamentarias o negándose a subir pasajeros que viajan trechos largos, como me ha pasado varias veces, cuando voy desde La Molina hasta el Rímac o viceversa (Un historiador).

 
Sobre el desprecio que en el Perú existe hacia ciertos oficios, me acuerdo que cuando viajé a Japón, por no conocer el idioma tuve que trabajar lavando carros en un grifo.  Sin embargo mis compañeros de trabajo japoneses no se sentían infelices con un trabajo manual ni lo veían como algo degradante (Un ingeniero).  

 

 

Una tarde primaveral regresaba en una combi a mi oficina, después de almorzar, cuando, en el paradero de Tomás Guido, a la altura del centro comercial Risso, subieron dos mujeres. Bastaba ver sus facciones para darse cuenta que eran madre e hija, aunque acaso deseaban enfatizar la semejanza llevando el cabello teñido del mismo color.

Las dos avanzaron hasta sentarse al fondo, cerca de mi asiento, y continuaron una conversación bastante personal, sin preocuparles que las escucharan los demás pasajeros.

-Me critica porque gasto en sombras, maquillaje, tinte de pelo –decía la hija -, pero por mi trabajo yo tengo que lucir bien.

En silencio, intenté deducir quién podía ser el sujeto de la oración. Una amiga difícilmente haría críticas tan íntimas. De tratarse de una hermana o una prima, la madre ya conocería esos comentarios. Se me ocurrió que sólo una persona podría hacer esa crítica y sería probablemente el padre de un posible hijo de ambos.

Mis elucubraciones fueron interrumpidas por la llegada del cobrador, un señor canoso, de marcadas arrugas y piel oscura. En la avenida Arequipa, las combis suelen detenerse sólo en los paraderos y los cobradores aprovechan el tiempo para cobrar a los pasajeros que han subido.

Después de cobrarme a mí, avanzó hacia las dos mujeres.

-Al mercado de Jesús María –dijo la madre, entregando un sol.

-Señora, acá falta –indicó él.

-¿Ah, sí? -y entregó otra moneda.

-Un sol es por cada una –insistió el cobrador.

-Le debo entonces –declaró ella, con una media sonrisa.

Resulta curioso que, en una sociedad donde es tan importante la exhibición de consumo, subsistan conductas que podrían ser calificadas como desconsideradas o mezquinas hacia las personas cuyo trabajo es menospreciado, sea un cobrador de combi, un huachimán o una empleada del hogar.

No sólo existe una desvaloración de ciertas actividades, sino de quienes las ejercen: por ejemplo, muchas personas consideran que, por motivos raciales, de sexo, edad u origen, las trabajadoras del hogar son indignas de recibir una remuneración adecuada.

Un caso extremo, muy extendido, se produce en el Cusco y otras ciudades andinas, donde muchas familias tienen en casa a un niño o una muchacha de menos de diez años a quien hacen trabajar desde que amanece hasta que anochece sin pagarle un sol por ello.

-Ellos no se sienten para nada culpables –me explica una abogada cusqueña -. Creen que están haciendo una obra de caridad porque les dan casa y colegio.

Normalmente, no se trata de un problema de recursos, sino de prioridades: algunas personas pueden gastar centenares de soles en asistir a un concierto, pero luego regatear con el taxista con la mayor tacañería.

La falta de consideración no sólo se da en lo económico, sino en las condiciones de trabajo. Un ejemplo recurrente se da en las combis más pequeñas, esas tan incómodas que no deberían circular: la mayoría de pasajeros, aunque haya otros lugares disponibles, ocupan el único asiento donde podría sentarse el cobrador, forzándolo a viajar encorvado durante diez o doce horas.

Quienes actúan de manera desconsiderada o abusiva tienen como argumento la ley de la oferta y la demanda, la persona sabe que encontrará otro taxista u otra empleada que acepte lo que está dispuesto a pagar. “En el Perú, lo justo es pagar por encima del mercado” dice un amigo economista.

Por eso, muchas veces me resisto a regatear a un taxista o un vendedor de artesanías o a pagar “china” por el pasaje y prefiero pagar lo que considero más justo. Si algún amigo, preocupado por mis finanzas, protesta, le digo simplemente:

-El señor necesita el dinero más que yo.

No todos piensan así, claro, como la señora que aparece al comenzar este relato, que ahora concluiré.

-¡Cómo me va a deber cincuenta céntimos! –exclamó el anciano cobrador, perplejo ante su frescura.

Se produjo un momento de tensión, que se rompió cuando decidí voltear y lanzar esa mirada reprobatoria que conocen bien los alumnos díscolos que conversan en clase o los asistentes a una charla que no han apagado su celular.

-Señora, yo me bajo antes que usted y he pagado un sol –dije con el tono más conminatorio que pude.

Si le hubiera dicho algo más agresivo, habría generado un nuevo conflicto. Era preferible hablar sobre mí, para que ella se diera cuenta que su conducta era incorrecta.

La mujer miró al cobrador, miró al pasajero entrometido de corbata celeste y sacó de su monedero las monedas que faltaban.

Cuando me bajé, el cobrador, como suele suceder después de una de estas intervenciones solidarias, me dio las gracias. Yo espero que las dos mujeres actualmente estén pagando la tarifa completa.

La Municipalidad de Lima ahora pretende que los ciudadanos denuncien a los choferes y cobradores prepotentes. Haría bien también en educar a algunos pasajeros para que se comporten mejor.

-Mientras un indígena awajún, que habría confesado su participación en la muerte del mayor Felipe Bazán ha sido internado en la cárcel de Bagua, el informe de la comisión investigadora sobre los sucesos del 5 de junio fue firmado sólo por tres de los siete comisionados y luce orientado a brindar la perspectiva que deseaba el gobierno.

-Los últimos dos awajún que quedaban en el penal de Huancas enfrentaron serios peligros, cuando numerosos presos comunes pretendieron que se sumaran a un motín. Dos de los amotinados murieron durante la revuelta.

-Poco después del aluvión que afectó Huamanga, los daños causados por las lluvias en las zonas pobres de Lima reflejan que la imprevisión también está presente en las autoridades locales. Afortunadamente, no ha habido muertos, pero sí muchas viviendas destruidas.

-La confirmación de la sentencia a Alberto Fujimori es una noticia positiva en medio de la impunidad prevaleciente para tantas violaciones a los derechos humanos cometidas especialmente entre los años 1982 y 1993.

-La Ley 29478 busca otorgar facilidades a las personas con discapacidad para que puedan ejercer su derecho al sufragio sin inconvenientes.

-En el mismo tema, el Poder Judicial declaró fundada la demanda contra el Gobierno Regional de Piura, por no cumplir con la ley que obliga a que el 3% de los trabajadores sean personas con discapacidad.

-Hablando de gobiernos regionales, felicitamos al Gobierno Regional de Junín por la promulgación de la Ordenanza contra la Discriminación, la quinta a nivel regional. Se hace necesaria ya una norma nacional para enfrentar este problema.

-A partir del 1º de enero, los grifos en Lima y Callao deben vender diesel mucho menos contaminante. Esperemos que cumplan con ello. Siempre en el tema del tránsito, los cobradores que llamen a viva voz a los pasajeros en Lima serán multados con 360 soles.

-La Universidad Autónoma del Perú puede ser severamente sancionada por la publicación de un aviso discriminatorio.

-La Dirección Regional de Educación de Arequipa ha dispuesto cerrar los colegios por dos días para capacitar a los profesores y directores sobre la nueva gripe. Resulta extraño que se den estos dos días de charlas, cuando las formas de contagio son similares a cualquier gripe… y en cambio se preste tan poca atención a aquellos males que sí afectan a los niños arequipeños, como la contaminación ambiental.


-La Defensoría del Pueblo ha publicado un nuevo Informe sobre Discriminación, donde se muestra como algunos Fiscales todavía desconocen que se trata de un delito. El Informe está en el portal de la Defensoría, pero lo puedo hacer llegar a quien me lo solicite.


-Hablando de la acción de la Defensoría del Pueblo contra la discriminación, el próximo 15 de mayo debería leerse la primera sentencia por discriminación, contra los cuatro profesores de Los Olivos que pretendieron excluir a la joven Vilma Palma, debido a la discapacidad que la aqueja (RP 135).

-Felicitamos a las municipalidades de Huamanga, San Juan Bautista y Jesús Nazareno por los avances en la implementación del idioma quechua, exigiendo este idioma a todas las personas que sean contratadas.


-Igualmente, en la Municipalidad de Miraflores han sido censados todos los trabajadores que hablan quechua y aymara para brindar un servicio en estos idiomas al público. Sería muy importante que las demás instituciones públicas en Lima desarrollaran esta práctica.


-Agradecemos al diario La Primera por haber publicado un fragmento de la RP 249 Hilaria Supa y Aldo Mariátegui. Sin embargo, aclaramos que el título Hilaria Supa y Aldo M, no nos fue consultado.


-Agradecemos al suplemento de empleos Aptitus de El Comercio por eliminar la referencia a posibles “requerimientos físicos y condiciones especiales” en las ofertas de empleo. Algunos lectores señalaban que podía llevar a promover ofertas discriminatorias.


-Después de varios años de espera, por fin se ha formulado acusación fiscal para los militares que violaron a decenas de campesinas en las bases antisubversivas de Manta y Vilca.


-La Municipalidad de Lima empadronará a taxistas, mototaxistas, conductores y cobradores de combi, para formalizar dichos servicios. Esperemos que se incluyan también todas las líneas de combis como la 5C que circulan autorizadas solamente por el Municipio de Huarochirí, vulnerando todas las normas existentes.

La frase W:

Si apareciera una vacuna contra el virus de la indiferencia,

muchas otras enfermedades quedarían curadas en el Perú.


-¿Quiere usted hacer el pacto del silencio? –le pregunto a veces a algunos taxistas, cuando se ha logrado establecer un diálogo cordial.

-¿Cómo es eso?

-Hasta que yo me baje, por favor, no toque el claxon.

El uso constante de la bocina es uno de los principales ingredientes del ruido que padecemos los habitantes de las ciudades peruanas. Hay quienes lo justifican como una reacción frente a infracciones que serían impensables en otras latitudes. Por ejemplo, el claxon permite decir: “¡Avanza, no te quedes una hora esperando llenar tu combi!” o “¡No te cruces así, salvaje!”.

Se usa también para enfrentar la indecisión de otro conductor: “¡Tienes paso libre, acelera!” o para apurar el regateo entre un taxista y sus posibles pasajeros: “¡Decídanse ya, que estoy esperando!”. Igualmente, un bocinazo sirve de advertencia a un peatón díscolo: “¡No cruces corriendo en medio de los autos!” o como protesta frente a una mujer policía indiferente: “¡Danos pase, que estamos esperando ya diez minutos!”.

En todos estos casos, podría ser comprensible que un conductor tenso recurra al bocinazo, pero de esta forma se afecta a muchas personas que nada tenían que ver con los hechos.

Los conductores habituados a usar claxon terminan recurriendo a él también para situaciones donde a una persona sensata sólo le queda la resignación: si el otro vehículo no puede avanzar porque ha sufrido una avería o si están subiendo cuatro ancianos a un taxi.

Con mucha frecuencia, el claxon de por sí es una forma de prepotencia, para amedrentar a otros conductores “¡Yo paso primero!” o para amenazar a los peatones: ¡Si sigues cruzando, te aplasto, infeliz! Se usa para insultar a los demás choferes “¡Avanza, que ya cambió la luz, imbécil!” o conminarlos a cometer una infracción: “Pásate la luz roja, que seguro el semáforo está malogrado”. Finalmente, tenemos que muchos taxistas lo emplean para decir: “Amigo, ¿no quiere taxi?”.

A partir del 9 de marzo, la Municipalidad de Miraflores ha dispuesto sancionar a todos los que empleen el claxon, sea por prepotencia, desahogo, protesta o costumbre. El éxito de esta norma es fundamental, no sólo para la tranquilidad de los miraflorinos, sino para más de medio millón de personas que todos los días visita este distrito por motivos de trabajo, estudio, compras, turismo o distracción. Sin embargo, los bocinazos no son el único de los ruidos molestos vinculados al tráfico.

Un factor importante son los propios policías, tocando sus silbatos incesantemente, como contribución oficial al caos urbano. Pueden ser también muy incómodas las alarmas de los vehículos y, en lugares como Magdalena o Comas, los esquivos mototaxis. Además, en todas las avenidas principales resuenan los gritos de los cobradores llamando a los pasajeros. Yo pensaba que ésta era una herencia de los antiguos pregoneros limeños, hasta que escuché a los cobradores de La Paz “¡El Alto, El Alto! ¡Sopocachi, Calacoto!” y Río de Janeiro “¡Copacabana, Copacabana! ¡Todo Ipanema, Leblón!”.

En algunos casos, la solución para los ruidos no está sólo en sancionar, sino en enfrentar el problema subyaciente. Por ejemplo, sin los gritos de los cobradores, muchas personas no sabrían cuál combi abordar. Resulta interesante reflexionar que en muchos países todas las líneas de transporte público tienen el mismo color, pero nadie grita los recorridos: los ciudadanos se guían por el número y para los desinformados, hay mapas con todas las rutas.

En Lima, hasta los años setenta, estos mapas existían, eran muy prácticos y nadie pregonaba las rutas. Las municipalidades podrían muy bien imprimir los mapas, distribuirlos entre los ciudadanos y colocarlos en los paraderos, para que los gritos de los cobradores pasen al olvido. Por ahora, gracias a la instalación de paraderos en Petit Thouars, Arenales y Arequipa, los cobradores sólo gritan cuando la combi se detiene, cada cuatro o cinco cuadras.

Otra medida que indirectamente reduce mucho los bocinazos, silbatos, mototaxis y gritos es la instalación de vías peatonales, como ha sucedido recientemente en Cusco, Huamanga y Arequipa, reduciendo también la contaminación.

Una persona puede hacer su propia lucha contra los ruidos. La mayoría de mis amigos jamás usa el claxon, salvo una extrema emergencia. Un amigo médico ofrece al taxista un sol más a cambio que respete las normas de tránsito, mantenga la música en un volumen aceptable y no toque el claxon. En mi caso, el recurso al “pacto de silencio” es bastante eficaz. Algún taxista se ha quejado al principio, pero normalmente, aceptan sin mayores problemas y uno puede viajar con tranquilidad.

Esperamos que, primero en Miraflores y luego en los demás distritos y ciudades, el temor a la sanción consiga que se reduzcan los bocinazos. Mientras tanto, será muy importante también el aporte de cada uno de nosotros para la tranquilidad de todos.

Fernando Nakasone

Te cuento mi experiencia por haber vivido mas de 4 años en Tokio, una ciudad que según los censos tiene aproximadamente 12 millones de habitantes, pero a la medianoche. Al mediodía se concentran allí más de 25 millones de personas, porque entre las 6 hasta las 10 de la mañana llegan más de 13 millones procedentes de ciudades aledañas. Es como durante el día llegaran a Lima más de 9 millones de personas provenientes de Huacho, Pativilca, Chincha, Cañete. ¿Cómo pueden trasladarse tantas personas en tan corto tiempo? Mediante el tren. Sería totalmente imposible hacerlo a traves de autos, combis o autobuses: un trayecto que en auto se recorre en cuatro horas y en autobús en seis, en tren se recorre en una sola.


Cada tren o metro de Tokio transporta aproximadamente 2,000. A las 7 de la mañana tu puedes ver que cada 90 segundos llega un tren a una isla (una estación puede tener 1 a 20 islas), se detiene y abre sus puertas durante 30 segundos, tiempo en el cual bajan unas 600 personas y suben otras 600 en perfecto orden. Los únicos que empujan son los llamados empujadores, empleados que en cada puerta se dedican a empujar a la gente para que se cierren las puertas. Siempre queda un saco o un paraguas que sobresale o también algún trozo de extremidades humanas.


Las estaciones son increíbles: cada día por la estación Shinjuku circula un millón de pasajeros, pues allí se concentran más de 10 líneas de tren y 8 de subterráneo. Nunca quedes con un amigo en encontrarte en Shinjuku, porque es imposible.



Los trenes no son un negocio rentable, pero siendo una necesidad pública, el Estado asume el costo del sistema de transporte ferroviario. Además hay algunas líneas privadas, que adquieren las zonas aledañas a las estaciones y allí establecen centros comerciales, con lo que recuperan su inversión.


¿Y los autobuses? Solamente sirven para transportar a la gente desde la estación a los lugares cercanos ubicados a no más de 20 minutos. Pero mucha gente no toma los autobuses, porque llega caminando a la estación y otro grupo grande llega en bicicleta, la estaciona en su estación y la recoge regresando del trabajo en la noche. Prácticamente nadie va a la estación en auto y muy pocos en taxi.


Claro que millones de habitantes de Tokio tienen auto, pero solo lo usan los fines de semana, y es donde se generan las congestiones vehiculares de sábado por la noche. Imagínate la Panamericana Sur desde Lima hasta Asia con los autos avanzando a una velocidad de 15 kilómetros por hora. Todos salen en la noche anterior para llegar a su destino de descanso y diversión al día siguiente.


Personalmente pienso que tarde o temprano tendremos que construir un tren o un metro para poder transportar a tantos limeños. Entretanto, ni el Estado ni la Municipalidad de Lima tienen políticas claras para fomentar el transporte formal y organizado. Para que las cosas empeoren, la infraestructura de pistas y carreteras es pésima, los semáforos funcionan sin ningún tipo de programación lógica y menos con sensores de acuerdo al volumen del tráfico como lo hacen las ciudades avanzadas. Además, donde hay policías de transito, las congestiones empeoran en vez de resolverse. Mejor es que dejen los semáforos funcionando, antes de reemplazarlos por policías que tienen una total falta de criterio para dirigir el tránsito.


A este problema se agrega la total irresponsabilidad de los conductores. Acá cuando una ambulancia pasa, otros carros simplemente no avanzan y menos se ponen al lado. Hay algunos eso sí que tratan de aprovecharse, poniéndose detrás de la ambulancia. Se lo cuentas a gente de otros países y les resulta increíble. Además, la forma de manejar se contagia. Sé de peruanos que en Japón manejaban de manera impecable, pero en Lima terminan manejando como el resto.


Una anécdota grafica las grandes diferencias: cuando manejaba por una ciudad en Japón, me acercaba a un cruce y vi que otro auto llegaba también. Le toqué el claxon para que me deje pasar y pasé, mientras mi copiloto estaba desconcertado: en Japón el claxon es una señal de cortesía, para darle pase al otro conductor o agradecerle, mientras en Lima está asociado a la prepotencia, usado para gritar, insultar o llamar la atención.


Otra comparación imposible de dejar de hacer es que ningún pasajero sube a un tren o un autobús antes que hayan bajado todos los que tenían que hacerlo, mientras que acá la gente se pelea por subir impidiendo que puedan salir quienes tenían que bajar. Lo mismo observamos en los ascensores, la gente se mete antes que hayan salido los que bajan en ese piso. Esta falta de respeto hacia los demás hace que todo el mundo se demore. En cambio, en la estación Shinjuku 600 personas bajan y otras 600 suben en menos de 30 segundos.

Muchos problemas, no solamente de tránsito, se resolverían si supiéramos inculcar el valor del RESPETO entre los limeños: Respeto a las señales. Respeto a los reglamentos de transito. Respeto al Policía. Respeto a los semáforos. Respeto a los peatones. Respeto a los demás conductores. Respeto a la vida humana.


Ojala que algún día resolvamos este problema que abarca no solamente responsabilidades gubernamentales y de infraestructura vial y vehicular sino también de cultura de la gente tanto de conductores como de pasajeros.

(A propósito de la RP 234)