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-Mi papá me asegura que le pagó a la empleada, pero ella dice que no. ¿A quién le creo?

-No sé qué hacer: mi mamá se empeña en comer justo lo que le hace más daño…

-Todas las noches mi tía se levanta medio dormida. Ya se ha caído varias veces. ¿Es momento de enviarla a una casa de reposo?

Estas son algunas de las preguntas que pueden hacerse quienes conviven con un padre, una madre, una tía o un abuelo en proceso de envejecimiento.

Mientras existen centenares de libros que buscan orientar a los futuros padres sobre el cuidado de sus hijos en los primeros años de vida, difícilmente quien tenga las preguntas anteriores encontrará algún texto que le ayude a aclarar sus dudas. Los libros sobre temas familiares se redactan en países donde es común que los adultos mayores vivan separados, a diferencia de los hogares intergeneracionales de los países latinoamericanos.

Además, se puede determinar a qué edad es normal que un niño aprenda a caminar o ir al baño por su cuenta, pero es muy difícil señalar qué es “normal” para alguien de setenta u ochenta años: cada persona envejece de manera distinta. Hay quienes, como mi célebre abuelita, cocina maravillas a los 96 años, siempre tiene ganas de salir y recuerda detalles sobre mis amigos mucho mejor que yo. Otras personas, veinte años menores que ella, ya están confinadas a una silla de ruedas. Los efectos del envejecimiento en la capacidad intelectual, el estado de ánimo o las habilidades físicas son muy diferentes.

Junto con el deterioro de la salud, un problema frecuente es la pérdida de referentes: muchos sienten que “les quitaron el Parque Salazar” o “les quitaron su cine”. La pérdida más común, sin embargo, es que, progresivamente, familiares y amigos, van falleciendo, dejando un vacío. En los últimos años, este problema se ha agravado debido a la migración al extranjero: para muchos ancianos están muy lejos quienes normalmente les darían soporte emocional, como sus hijos y nietos.

Los estragos del envejecimiento pueden causar desconcierto, frustración o angustia a los familiares cercanos. En mi caso, por más que sepa que así es el ciclo vital, no deja de ser triste darme cuenta que mi papá, aficionado a las motos y las pesas en su juventud, esté ahora tan débil. Es duro descubrir que la mente a la cual de niño hacía tantas consultas a veces parece haberse extinguido.

Por todo ello, mientras sea posible, es importante no solamente atender a la salud física, sino promover que la persona mayor tenga una adecuada vida social, que pueda compartir con la familia, llevarlo a un restaurante o a un cine (felizmente la mayoría son accesibles para personas ancianas). Conforme se agravan los problemas de salud, hay que estar preparado para que las actividades sociales se trasladen más al domicilio.

Cuando un adulto mayor requiere dedicación exclusiva, hay que estar atentos para proteger a los familiares más próximos al anciano de sufrir, ellos mismos, el “síndrome del cuidador”, que origina una fuerte angustia. También debe evitarse la tentación de descargar la responsabilidad en los familiares que tienen más tiempo, pero que suelen ser precisamente aquellos que tienen una edad similar (la esposa, los hermanos). Por eso, puede llegar el momento de decidir si la atención deberá estar a cargo de una persona especializada o, lo que es mucho más duro, si es preferible que la persona se traslade a un establecimiento especializado. En este proceso, es comprensible que surjan tensiones entre los hijos, nietos o sobrinos, vivan o no bajo el mismo techo, sea por motivos económicos o emocionales.

Ayudaría mucho la existencia de políticas públicas para enfrentar este creciente problema. En otros países (inclusive tan pobres como Bolivia), todas las personas mayores de 65 o 70 años reciben una subvención por parte del Estado, mientras que en el Perú esto ocurre sólo con los jubilados y muchas veces se trata de sumas insuficientes, por las que además deben llevar a cabo prolongados procesos judiciales. La mayoría de adultos mayores viven de la ayuda económica de sus familiares, que deben afrontar elevados gastos en medicinas y, con el paso del tiempo, cuidados especializados.

En las zonas residenciales, donde la esperanza de vida es más elevada, algunas municipalidades han implementado diversos programas para atender la salud física y psicológica de las personas mayores, pero no se plantea trabajar con los familiares que están a cargo de ellos.

Mientras la esperanza de vida continúa aumentando en el Perú, geriatras y psicólogos pueden aportar mucho para responder a las preguntas que señalé en un principio y a muchas más. También es posible que sea útil conocer experiencias concretas sobre seguridad, convivencia, estimulación y terapias. En ese sentido, siempre será importante compartir nuestras inquietudes, o lo que algunos estamos aprendiendo, para así colaborar a que una vida prolongada sea también una vida digna y feliz.


-Tronco abajo, tronco arriba, luciendo mi larga cola, nadie en rapidez me gana: corriendo me quedo sola.

A una de mis cuñadas le gusta organizar juegos en las reuniones familiares y esta vez había una competencia de adivinanzas.

-¡La ardilla! –declaró una voz entusiasta para reclamar su premio.

Era mi abuelita, que a los 95 años no deja de sorprender por su lucidez y también por su facilidad para adaptarse a los nuevos tiempos.

Todos los días cocina con la olla arrocera y el microondas como si siempre los hubiera conocido.
Aunque ahora siempre sale acompañada, recorre Ripley o Tottus con el mismo empeño con que otrora visitaba Oeschle o Monterrey. Antaño asidua clienta de la Botica Francesa, ahora le gusta el Crepes & Wafles por el pollo tailandés y el capuccino con Baileys. Desde que el año pasado conoció la comida japonesa en el Don Katsu de Jesús María, siempre quiere volver.

En la última Navidad se puso muy contenta porque encontró en Casas & Ideas el regalo que quería: platos cuadrados, de esos que se usan en los restaurantes de moda. En ellos le gusta lucir sus comidas criollas tradicionales o los nuevos platos que descubre o inventa: pastel de fideos, zapallitos rellenos, lasaña de carne o vegetariana.

Todos los cinemas que conoció en Lima han desaparecido, pero ella no se amilana cuando alguien le dice para ir a algún empinado multicine. La última película que vimos fue La Vida en Rosa, donde Edith Piaf sufría tanto que yo me hubiera ido a los primeros cinco minutos. Mi abuela no se hizo mayores problemas con el sufrimiento ni con los sucesivos saltos temporales de la trama.

Supongo que sobre ella podría también hacerse una película con todo lo que ha vivido: recuerda El Callao lleno de italianos, las sucesivas revoluciones desde la primera que le tocó en tiempos de Leguía, las visitas a las haciendas o las islas guaneras, donde a los indios se les daba coca para poderlos explotar más, porque así sentían menos el cansancio. ¡Cuántos cambios se han producido en el Perú desde aquel entonces!
Sin embargo, mi abuela los lleva bastante bien y ha aprendido inclusive a evitar algunas expresiones racistas que le escuchaba cuando era niño.

Si alguien desea conocer el secreto de su longevidad y su salud, seguramente quedará desconcertado: ella ha fumado hasta los 80 años, como sigue haciendo su hermana. Sigue comiendo todo lo que le gusta: chorizo, chicharrón, cabanossi (los prepara con ollucos), el pellejo del pollo y todas las salsas que según muchos médicos no son recomendables pasados los treinta años.

Mi abuela suele decir con el paso de los años, todos los médicos que la han atendido se han ido muriendo:

-En el noticiero dicen que atropellaron a una anciana de sesenta años, ¿qué les pareceré yo? –añade, cuando voy a almorzar a su casa.

Su vitalidad, su energía y su sentido del humor son un desafío a una sociedad donde ser “viejo”, tiene tantas connotaciones de acabado o caduco. Lejanos están los días en que la edad, con sus manifestaciones naturales como canas, calvicie o arrugas, inspiraba respeto.

En aquel entonces, claro, los ancianos eran pocos. Ahora, en cambio, que la esperanza de vida ha aumentado, las personas intentan parecer más jóvenes de lo que son. No faltan quienes ocultan su edad, como si fuera el más doloroso secreto, aún en ambientes que presumen de progresistas.

En el ámbito laboral, la discriminación por edad es un problema frecuente pero lo más
triste es que a muchas personas mayores de 65 años, les espera el período más precario e incierto de su vida: los jubilados deben entablar juicios contra la insensible ONP y, al no existir un sistema universal de seguridad social, la única esperanza para los demás ancianos son sus hijos u otros familiares. Cada día de vida parece tener un precio, porque hay que pagar por medicinas que son de uso permanente. Un mínimo de justicia hacia las personas mayores sería disponer que todos recibieran una pensión, como se ha hecho en Bolivia.

En el caso de mi abuelita, entre todos los nietos enfrentamos sus diversos gastos y afortunadamente, ella es tan independiente que sólo a partir de este año ha llamado a una señora para que le ayude cada quince días en algunas tareas domésticas.

-¿Y no quisieras hacer tai chi? –le pregunto a veces, para provocarla.

-Eso es para viejas ociosas, que no hacen nada en su casa –me contesta riéndose.

Quizás, si tiene un secreto, es mantener intactas sus ganas de vivir. Por eso, ella misma me recuerda a la coqueta e intrépida ardilla de la adivinanza. Quizás lo importante, llegue uno a la edad que llegue, es saber (y poder) disfrutarlo.

Además…

-Hablando de publicidad y racismo, Saga Falabella decidió colocar en la carátula de uno de sus encartes a una actriz ayacuchana e incluir numerosas fotografías de modelos andinas, orientales y negras. Este cambio inesperado es obra de la agencia de publicidad LaClinika Pragma DDB, en marcado contraste con McCann Erickson, que hace la publicidad racista de Ripley por el Día del Padre.

-La nominación de Barack Obama a la candidatura presidencial en los Estados Unidos podría generar un cambio en el tratamiento de los afrodescendientes en el Perú. No olvidemos que muchas personas que rechazan a Hugo Chávez emplean imágenes racistas.

-La Ordenanza que oficializa el quechua y el asháninka en la región Ayacucho fue publicada en El Peruano la semana pasada. Después del Cusco, se trata de la segunda región que reconoce el carácter oficial del quechua y la primera que lo hace con un idioma amazónico.

-La Comisión de Constitución del Congreso recomendó la derogatoria de los Decretos Legislativos 982, 983 y 989 que vulneraban seriamente los derechos humanos y excedían las facultades legislativas otorgadas por el Congreso.

-Hablando de víctimas de acciones policiales, el 5 de junio
Julio Apaza murió abaleado en Independencia, mientras la policía llevaba a cabo un violento operativo de desalojo. Al día siguiente, cerca de allí, en una comisaría de Los Olivos, al suboficial Pablo Poma aparentemente se le escapó un tiro de su arma, que mató a sus compañeros Ronnie Francia y Miguel Quispe.

-El 7 de junio, fueron denunciados en Piura los efectivos policiales que participaron en los casos de tortura y otras violaciones a los derechos humanos de un grupo de campesinos que realizaba una marcha contra la empresa Majaz en agosto del 2005, cuatro días después que el Presidente Toledo señalaba que se enorgullecía que su gobierno no se había manchado las manos con la sangre de los peruanos (RP 62: Los Doce Muertos del Presidente Toledo).

La Frase W:

A más blancos son los actores, más cuesta la obra de teatro.

El aporte (sobre la RP 200):

“Siempre el cobrador y el chofer de combi son los villanos, pero hay algunos pasajeros que abusan. He visto a algunos que quieren atravesar Lima pagando un sol y otros protestan cuando el chofer se detiene en un paradero y no donde ellos exigen. Hasta lo llaman “abusivo”. ¿Abusivo por cumplir con las normas?” (Un periodista).