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-¡Qué avezado eres!

Así me decía una amiga que se interna hasta remotas comunidades amazónicas y andinas para mediar en dramáticos conflictos sociales.

Sin embargo, ella me consideraba temerario porque, varias veces, cuando ya no pasan combis hacia el lugar al que tengo que llegar, he tomado un taxi compartiendo el gasto con algún desconocido que iba en la misma ruta.

-¿No te daba miedo? ¡Si no lo conocías!

-Por eso mismo –le digo -. ¿Por qué iba a desconfiar?

En varias ocasiones he escrito sobre la desconfianza que sienten muchos peruanos hacia los desconocidos y cómo termina perjudicando precisamente a quien desconfía.

-Si no conoces a alguien –suelo decir –no tienes mayor razón para desconfiar. Desconfía mas bien de las personas que conoces y te han hecho algo.

En mi caso, confieso que, como yo asumo que se puede confiar en los demás, encuentro cierta magia en entablar una relación amable y efímera con alguien que no conozco y que jamás volveré a ver, sea en la combi, el taxi, el avión, la cola del banco o la única mesa disponible del restaurante.

Siento lo mismo cuando intercambio bromas con el cobrador de la combi o converso con el taxista. En este caso, sea que intercambiemos datos sobre comida (por ejemplo sobre los mejores chifas), comentemos sobre lo mal que nos caen determinados líderes políticos, o yo suelte algunos chistes a lo frase W, el trayecto se hace muy rápido y entretenido.

Me parece también que aquellos taxistas que, por sus rasgos físicos, su vestimenta o algún detalle de su apariencia (arete, cicatriz, gorra) podrían sentirse discriminados son aquellos que mejor se sienten cuando uno los trata cordialmente.

A veces me quedo pensando por qué no me encuentro con esos taxistas-delincuentes que angustian a tantos limeños. Ensayo varias explicaciones: la primera, es que tengo suerte; la segunda es que mi Ángel de la Guarda sigue trabajando con ahinco; una tercera es que la proliferación de taxistas-delincuentes es una leyenda urbana, con lo cual sólo queda concluir que, en general, los limeños son personas honestas. La cuarta hipótesis, que no descarto, es que seguro una vez al mes me toca algún taxista-delincuente, pero que ha estado tan entretenido por la conversación que me he salvado. De hecho, mi humor en el taxi es mas bien cínico:

-Sabe una cosa, señor –solía decir el año pasado -, yo no le doy propina al taxista. Le regalo un desarmador.

Eran los tiempos en que los noticieros advertían sobre un taxista que asaltaba a sus víctimas con esa herramienta.

Por si acaso, no respondo por los que le pueda pasar a quien sube a un Tico: dejé de tomarlos en el 2001. Menos respondo por los “taxistas formales” del Aeropuerto que a unos amigos noruegos les cobraron 120 soles hasta el Golf de San Isidro y a un abogado español 150 hasta el Meliá. Esos auténticos carteristas ni siquiera usan desarmador y para recursearse se amparan en su corbata y en carteles que dicen que los taxistas de fuera son peligrosos.

En realidad, la desconfianza generalizada ocasiona numerosos costos a una sociedad y hace que hasta las cosas más sencillas sean difíciles. Por ejemplo, durante los meses en que había una exhibición de vacas artísticas en varios parques de Lima, pude ver a muchas familias tomarse fotos… pero nunca podían salir todos juntos porque, aunque hubiera mucha gente en el parque, no se atrevían a pedirle a nadie que les tomara. Acaso pensaban que no querría hacerlo o, lo más probable, temían que se fuera corriendo con la cámara.

Quizás debo admitir que reservo mi desconfianza hacia quienes ejercen o buscan el poder. En la vida cotidiana, en cambio, creo que no se justifica tanta duda y sospecha.

Si los limeños dejáramos de estar permanentemente desconfiando de quienes no conocemos, nuestra vida sería mucho menos estresante y nuestras actitudes no serían tan agresivas frente a ocho millones de personas que, objetivamente, no han hecho nada para merecer nuestra sospecha.

-Los años me han enseñado a tener cuidado –dicen algunas personas.

A mí, los años me han enseñado a confiar en la gente y a no generalizar las malas experiencias.

Todos ganaríamos en una sociedad cuyos integrantes confiaran más entre sí… Lo dice alguien que intenta hacerlo siempre y a quien, felizmente, hasta ahora, no le ha ido mal en ese camino.

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-Fue inaugurada la Escuela de Justicia Intercultural de la Corte Superior de San Martín. Al parecer, otras Cortes Superiores en Piura y Junín estarían interesadas en replicar esta experiencia.

-Las comunidades campesinas de Espinar (Cusco) han presentado una acción de amparo para solicitar que se respete su derecho a la consulta sobre el Proyecto Majes Sihuas que afectaría sus fuentes de agua. Es la primera vez que se invoca judicialmente este derecho reconocido por el Convenio 169 de la OIT.

-En diversos lugares se vienen realizando simulacros de sismos. Una medida preventiva muy eficaz sería derogar la Ley 29090 sobre licencias automáticas de construcción, que han cuestionado duramente los Colegios de Ingenieros y Arquitectos por los peligros que genera.

-Este domingo 21 de marzo se celebra el Día Mundial contra la Discriminación Racial. Este año se cumplen 50 años de la masacre de Sharpeville (Sudáfrica) que dio origen a esta conmemoración.

-Hablando de racismo, lamentamos el regreso a la televisión del programa racista La Paisana Jacinta de Jorge Benavides, lo cual refleja el menosprecio de Frecuencia Latina hacia las mujeres andinas.

-Agradecemos al Grupo Rochester el compromiso de no volver a colocar requisitos discriminatorios en sus ofertas de empleo, así como a La Tiendecita Blanca la publicación de un nuevo aviso sin requisitos de edad.

-Hablando de avisos discriminadores, la cadena de restaurantes Hikari, la Municipalidad de Los Olivos y Ortopedia Glinsa podrían sufrir severas sanciones legales por la publicación de sendas ofertas de empleo que vulneran la Ley 26772 y la Ley 27270.

-Ha sido triste el fallecimiento del sacerdote Juan Julio Wicht, muy recordado por sus aportes académicos y por su valerosa intervención durante la crisis de los rehenes de la residencia del Embajador de Japón.

-Una noticia positiva para el patrimonio arqueológico de Lima ha sido el retiro de los mecánicos que ocupaban la Huaca Mateo Salado. Una noticia negativa es que el valioso Hospital San Andrés, que data de tiempos coloniales, ha sido invadido por comerciantes informales.

-Diez vecinos de Barranco han sido denunciados penalmente por la Municipalidad de Lima en una evidente medida de intimidación a quienes se oponen a las cuestionadas obras de transporte que realiza dicha municipalidad.

-El premiado documental De Ollas y Sueños sobre la comida peruana ha sido doblado al idioma quechua, una experiencia inédita que puede marcar el camino para acercar mucha información a la población que se maneja mejor en este idioma.

 

 Hace pocas semanas, las autoridades peruanas sorprendentemente decidieron amparar una demanda  justa ANTES que se realizara una protesta social. Tres días antes de una nueva movilización indígena, el Ministerio de Energía y Minas suspendió las actividades de la empresa minera Afrodita en territorio awajún,  que se realizaban contra la voluntad de la población.   Gracias a esta medida, la anunciada movilización perdió mucho peso y la tensión en la zona ha disminuido. 

 

Durante los últimos años, hemos visto repetirse un libreto distinto: se suceden pronunciamientos de autoridades locales, marchas de sacrificio, delegaciones que llegan a Lima, pero el gobierno central se encoge de hombros o reacciona con altivez.  Sólo cuando hay carreteras tomadas, puentes bloqueados, policías secuestrados y conmoción nacional, el gobierno acepta que existe un problema.

 

Sin embargo,  días después, el gobierno recibió un claro mensaje de que debía hacer mucho más en relación a los pueblos indígenas: el 25 de febrero, una Comisión de Expertos de la Organización Internacional del Trabajo emitió un informe señalando el marcado incumplimiento del gobierno peruano respecto a las obligaciones contempladas en el Convenio 169 de la OIT.

 

El documento señala que el Estado ni siquiera tiene una definición clara respecto a cuáles son los pueblos indígenas en el Perú y que para lograr ello es fundamental la participación de los propios pueblos interesados.     Por si acaso, cuando la OIT habla de indígenas no se refiere sólo a los 300,000 nativos amazónicos, sino también a los millones de indígenas andinos que muchas veces denominamos campesinos y también a muchas personas que viven en las ciudades y que sufren discriminación por sus rasgos físicos, su apellido o su idioma.  Por ello, hablar de indígenas en el Perú no es un tema que se refiere a una minoría. 

 

La Comisión insiste en que los pueblos indígenas deben ser consultados antes de la adopción de medidas legislativas o administrativas que puedan afectarles, incluso respecto de cómo se llevarán los propios procesos de consulta.   La Comisión señala que los actuales procedimientos del Ministerio de Energía y Minas no cumplen con estos requisitos.  Por ello, la Comisión ha pedido al gobierno suspender las actividades de exploración y explotación de recursos naturales que afectan a los pueblos indígenas, en tanto no se asegure su participación y consulta.  

 

Se trata de una medida que puede alterar los planes de un gobierno empeñado en proyectos a los cuales campesinos e indígenas han expresado abiertamente su rechazo, como la represa de Pakitsapango, que podría inundar buena parte del territorio asháninka y el proyecto Río Blanco en la sierra de Piura, donde ya han muerto cuatro campesinos por acción de la policía (dos de ellos en tiempos de Toledo). 

 

La Comisión recuerda al Gobierno que debe tener en cuenta el derecho de los pueblos indígenas a establecer sus propias prioridades, y de acuerdo a ellas, participar en los planes y programas de desarrollo nacional y regional.   En los últimos años, la política de desarrollo para la sierra y la selva ha sido trazada de manera vertical por el gobierno central, asumiendo que los indígenas (y tampoco los Alcaldes o Presidentes Regionales) no tienen ni voz ni voto en ello. Inclusive, el gobierno ha enviado un Proyecto de Ley para facilitar el desplazamiento de poblaciones debido a la ejecución de proyectos de desarrollo, lo cual puede implicar que los indígenas deban marcharse contra su voluntad de los lugares tradicionales donde viven.  

 

Los expertos recalcan que las tierras indígenas deben estar protegidas, tanto si los pueblos indígenas tienen título de propiedad, como si están bajo una modalidad de ocupación tradicional.  En ambos casos, la Comisión insta al Gobierno a tomar las medidas necesarias para garantizar a los indígenas el respeto a sus derechos de propiedad y posesión.

 

Finalmente, la Comisión plantea la necesidad de establecer con urgencia medidas educativas en todos los sectores sociales para eliminar los prejuicios hacia los pueblos indígenas.  Como sabemos, las principales expresiones ofensivas hacia los pueblos indígenas han provenido del propio gobierno, actuando muchas veces como si se tratase de “no peruanos”.

 

En la práctica, estas observaciones implican una solicitud al gobierno peruano para que establezca una política pública en relación a los pueblos indígenas andinos y amazónicos, algo que no parece haber pasado por la mente de las autoridades nacionales.

 

Al Estado corresponde ahora cumplir con las recomendaciones presentadas y que éstas permitan una nueva relación entre las autoridades estatales y los pueblos indígenas.  La mayoría de países latinoamericanos ya han avanzado mucho en este sentido, partiendo por reconocer a los indígenas como ciudadanos, pero con derechos particulares por su propia condición.  La decisión respecto a Afrodita debería ser el camino a aplicar en otros lugares, aprendiendo a escuchar a la población. 

 

En pocas semanas, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se debatirá nuevamente la situación de los pueblos indígenas en el Perú.

 

 

 

-Los comerciantes que se oponían a ser reubicados por la Municipalidad llevaron con ellos a centenares de pandilleros que desataron una terrible violencia en la ciudad de Piura.  En los enfrentamientos con la policía murieron el comerciante Martín Carrasco Nanfaro, William Saavedra Curay y un hombre no identificado.     Víctimas del fuego cruzado también murieron los escolares  Gean Carlo Lippe y Miguel Ángel Córdova, sin ninguna participación en los disturbios.

 

-El mismo día, 3 de marzo, siete campesinas murieron ahogadas cuando participaban en la limpieza del cauce del río Quitamayo.  Ellas fueron contratadas para esa labor, en plena época de inundaciones, por la Municipalidad de Písac, con aportes de Construyendo Perú, una dependencia del Ministerio de Trabajo que paga apenas 16 soles diarios a los campesinos. 

 

-Hablando de absurdas muertes en el Cusco, dos turistas australianas murieron ahogadas en el río Vilcanota… mientras hacían canotaje.  Aunque parezca increíble, hay agencias de turismo que siguen programando estas actividades pese a la emergencia que se vive en esta región.    

 

-Fuertes protestas ha generado en Puno la hidroeléctrica de Inambari.  Los representantes del Estado ahora aseguran que si la población está en desacuerdo, la hidroeléctrica no será construida.

 

-Después de 14 meses fue liberado Alejandro Izquierdo, dirigente rondero de Pulán (Santa Cruz, Cajamarca).  Como ha sucedido a muchos otros ronderos se le acusaba injustamente de secuestro, pero en este caso la empresa minera La Zanja habría estado promoviendo activamente su encarcelamiento debido a la oposición de las rondas a las actividades mineras.

 

-El Poder Judicial ha inaugurado tres Juzgados de Paz en apartadas localidades de Loreto, con paneles solares y comunicación telefónica.   Esperemos que muchos otros Jueces de Paz en las zonas rurales cuenten con el apoyo necesario para su labor. 

 

-Indecopi decidió eliminar el requisito de “menor de 28 años” para postular a su curso de extensión universitaria, que a muchas personas mayores de dicha edad que por diversas razones se encuentran estudiando en la universidad. Ahora, la única entidad estatal que marca un absurdo requisito de edad es la Academia Diplomática.

-No deberían cobrar por ingresar a los parques o espacios públicos que la gente pagó con sus tributos y sigue pagando por concepto de arbitrios de parques y jardines públicos.  La Defensoría del Pueblo debe pedir que eliminen el cobro al Parque de la Reserva. En Francia no cobran por ingresar a los Jardines de Luxemburgo, sólo cobran por los museos.   Sino, imagínate cualquier Alcalde decide poner una alucinante pileta en un parque y decide cerrarlo para que sólo vean los que pueden pagar.  Los espacios públicos son eso, del público (Milly Paredes).

 

-Ahora que lo pienso, la arquitectura de los parques de Andrade es democrática, orientada para que todos los ciudadanos los disfruten, contrastando con las monumentales obras de Castañeda, más parecidas a esas obras se construyeron durante el nazismo en Alemania o el fascismo en Italia… No a la propuesta de Castañeda, sí a la de Andrade (Mariela Sala)

 

-La recuperación de espacios públicos se ubica dentro de las formulas de prevención social cuando se piensa en la reducción de la victimización y el temor de las ciudades.
Si no cambia la oferta electoral debería la demanda de la población (Enrique Castro, sociólogo, especializado en temas de seguridad ciudadana).

- Lamentablemente, un proyecto como el Parque de las Aguas, en el que se han invertido cerca de 20 millones de dólares no haya sido evaluado desde el costo/beneficio que le puede traer a la ciudad.   Además, el proyecto ha resultado un fracaso desde el punto de vista inmobiliario.  El valor de los terrenos adyacentes ha disminuido mucho, en buena medida por la gran inseguridad que ahora existe en los alrededores   (Dante Ruiz, arquitecto).

 

-Hace muchos años era la Herradura, luego San Bartolo, Ancón, y otras playitas “very nice”.  Ahora es Asia.   Hay personas que cada vez se alejan mas de Lima, o buscan encerrar o zonificar sus complejos, apartándose, dando la espalda a una Lima que no quieren aceptar o no toleran (Armando Alva).

 

-Aunque no son los únicos, me parece que los principales beneficiados con los espacios públicos bien administrados son los niños y los jóvenes (José Antonio Cruz)

 

-Un incremento de espacios públicos seguros es necesario y obligatorio.  Esperemos que el próximo alcalde -o alcaldesa- de Lima no abandone los espacios públicos recuperados por Castañeda, como él abandonó, por pura conveniencia política, aquellos recuperados por Alberto Andrade. Los políticos deberían pensar en los ciudadanos y no solamente en su propio beneficio (Gianmarco Farfán).

 

-En Piura, los espacios públicos no son bien utilizados: sea porque están mal construidos, sin ningún criterio técnico, porque los construyen sólo con afanes electoreros o porque los abandonan y terminan tomados por delincuentes y drogadictos (Un magistrado de Piura). 

 

-Si bien se esta ganando parques y áreas verdes en Lima, a veces son áreas donde no existen bancas para ancianos o niños.  Eso pasa en San Borja, donde hay parques que no tienen iluminación de noche.   También hay una proliferación de parques cerrados y sin bancas que solo sirven de decoración.  En cambio, el  Olivar sí es un lugar donde se puede apreciar el esplendor del paisaje con calidad de vida (José Alberto Montoya, abogado. Debe decirse que el gran parque Castilla de Lince tampoco cuenta con bancas y está mal iluminado por lo que de noche está casi desierto).

 

-Lamentablemente Castañeda eliminó otras buenas prácticas iniciadas por Andrade: durante su gestión, recibíamos bolsas especiales para reciclar: plástico, vidrio y latas. Una o dos veces por semana pasaba un carrito con música y recogía casa por casa estas bolsas. Esa buena práctica fue desechada por Castañeda.  De otro lado, la Alameda  Chabuca Granda se ha vuelto horrible durante esta gestión municipal y perdió el fin que tenía.  Esperemos que el siguiente gobierno municipal retome las buenas prácticas y respete los espacios públicos gratuitos (Una profesora de la PUCP).

 

-Soy una convencida de que los parques son de todos  y deben mantenerse así como un espacio de la comunidad.  De hecho, luché para que no hicieran una iglesia dentro del espacio reservado para un parque que está por mi casa y después para que no lo cercaran.  Ahora, es uno de los pocos parques de Surco donde cualquiera puede jugar fulbito, descansar bajo un árbol, etc (Una profesora de Surco).


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Bailando en el Parque Kennedy

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Bailando en el Parque Kennedy

 

Cuenta mi abuelita que hace unos quince años, paseaba con unas amigas por el Parque Kennedy, cuando se acercaron a observar a las parejas que bailaban en el Anfiteatro Chabuca Granda.  En medio del público estaba sentado, como un vecino más, Alberto Andrade, entonces Alcalde de Miraflores, pero cuando vio a mi abuelita se levantó para darle el asiento.
 
La remodelación del Parque Kennedy fue un punto de inflexión en el manejo de los espacios públicos en Lima, dejando atrás la idea que los parques sólo tienen una finalidad ornamental.  
Andrade mantuvo dicho modelo cuando pasó a la Municipalidad de Lima para el Gran Parque de Lima o Parque de la Exposición y para la Alameda Chabuca Granda.  Allí se instalaron tres anfiteatros, donde todos los días se realizaban espectáculos, especialmente danzas de diversos lugares del Perú y programas para niños.

 

Desde que Luis Castañeda sucedió a Andrade, los tres anfiteatros lucen desolados.   La Alameda Chabuca Granda ha vuelto a convertirse en un mercado, donde a muy pocos se les ocurriría pasear.   Es verdad que Castañeda ha creado el Parque de la Muralla y el Malecón del Río, excelentes ejemplos de regeneración urbana, pero resulta evidente que la Alameda quedó condenada al abandono simplemente porque era una obra de su predecesor.

 

Algunas personas admiran a Castañeda por la creación del Circuito Mágico de las Aguas en el Parque de la Reserva y los dos parques adyacentes.  Sin embargo, esto ha implicado que, innecesariamente se cierre una de las mayores áreas verdes de Lima, creada en los años 20.  Una amiga de Santa Beatriz indica: “Mis hijos han perdido los parques donde jugaban”.  Ahora sólo se puede ingresar algunos días a la semana y durante pocas horas, eso sí, previo pago.

El contraste es marcado frente a Miraflores, donde los espacios públicos son libres y gratuitos, sea para quienes bailan en el Parque Kennedy, quienes practican ciclismo de montaña o skate o los niños que aprovechan los juegos existentes en los parques.  En mi parque preferido, el Isaac Rabin inclusive hay una resbaladera en forma de dragón y un barco en miniatura.  En otros hay áreas donde los perros pueden retozar sin estar sujetos con una correa.

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El barco del parque Isaac Rabin

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Resbaladera en forma de dragón. Parque Isaac Rabin.

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Mirando a los "eskateadores"

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Patinando bajo un parapentista

-Esto es calidad de vida –exclamó un amigo austriaco el último fin de semana, paseando por el malecón.

 

En la mayoría de ciudades peruanas, en cambio, los espacios públicos se reducen a la Plaza de Armas.  Existen contadas excepciones como el Paseo de las Musas en Chiclayo,  el Parque de la Identidad en Huancayo o el bullicioso Boulevard de Iquitos.   Para muchas municipalidades, desde Ica hasta Trujillo, desde Cajamarca hasta Arequipa, y también en el Cono Norte, su principal forma de generar espacios públicos es otorgar licencia para un centro comercial.

 

Naturalmente, éstos tienen éxito porque en ellos la población se siente segura para pasear con su familia, inclusive de noche.   A veces, hasta un supermercado cubre esta demanda, con áreas destinadas para sentarse a comer helados, al lado de una fuente, y espectáculos musicales para niños. Es decir, lo que uno hace normalmente en un parque.

 

Ahora bien, bajo la gestión de Manuel Masías en la Municipalidad de Miraflores ha habido varias situaciones que muestran una involución en el manejo de los espacios públicos: el año pasado no se autorizó la Feria del Libro, que se trasladó a San Borja, afectando seriamente a las editoriales y al público. El 31 de diciembre, muchas personas que esperaban recibir el Año Nuevo, como habían hecho otros años, fueron desalojadas por los integrantes del Serenazgo.   A ellos yo mismo los he visto expulsar, como si fueran delincuentes, a los jóvenes que, disfrazados de estatuas metálicas, se ganaban unos soles en el parque.  El 21 de febrero también fue violentamente disuelta una celebración musical en el Parque María Reiche.

 

Resulta muy peligroso cuando los espacios públicos caen en un manejo represivo y policial: el sábado pasado, en Barranco, el ataque de la policía con bombas lacrimógenas a quienes participaban en un Carnaval en ese distrito demuestra los atropellos que pueden cometerse en nombre de la seguridad y el orden público. Niños, jóvenes y ancianos fueron agredidos como si fueran una turba de saqueadores.

 

Todos estos incidentes deben generar una amplia discusión sobre la necesidad de contar mas bien con más espacios públicos donde los ciudadanos puedan recrearse y alternar con libertad.

 

Esos espacios existen: coincidentemente, el viernes 26 de febrero, quedó desierta la subasta que había convocado Pro Inversión para convertir el cuartel San Martín en un centro de convenciones de lujo.  Ahora es un gran espacio que podría ser un hermoso parque.  Lo mismo ocurre con el cuartel Bolívar en Pueblo Libre.

 

Espero que el disfrute de los espacios públicos sea uno de los temas a discutir durante las próximas elecciones municipales. Anoche, en Miraflores, vi a mucha gente bailar en el anfiteatro. Confío en que los ciudadanos sigan disfrutando en forma libre y gratuita de todo lo que ofrecen los parques de este distrito.

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Bailando en el Parque Kennedy

 

-El terrible terremoto que ha afectado Chile incrementa nuestra insistencia en que la sociedad peruana debe estar preparada para desastres similares, desde rutas de evacuación hasta la organización de brigadas de solidaridad.   Gobiernos regionales, municipalidades, colegios, parroquias, empresas y hasta cada familia pueden lograr que los daños sean menos graves (Ver RP 289 La Advertencia de la calle San Martín).

-La Comisión de Expertos de la Organización Internacional del Trabajo ha pedido al gobierno peruano suspender las concesiones de exploración y explotación en territorios habitados por población indígena hasta que no se implementen los mecanismos de consulta, precisando además que no son adecuados los talleres que convoca el Ministerio de Energía y Minas a las comunidades campesinas y nativas.

-La Autoridad Nacional del Agua decidió devolver a la comunidad de Cruz de Mayo la administración de la laguna Parón, en Huaylas, Ancash, que había sido entregada a la empresa Duke Energy.

-Sólo en un día, el lunes 22 de febrero, murieron 50 personas en accidentes de carretera en La Libertad y Cusco.  Además de problemas conocidos, como la irresponsabilidad de conductores y empresas, mientras no haya bermas centrales y las pistas sean de un solo carril (salvo la autopista a las playas del Sur, claro), estas situaciones continuarán.

-Sólo siete de las cuarenta avionetas que transportaban turistas sobre las líneas de Nazca estaban en condiciones de operar.  Lamentablemente, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones decidió realizar una inspección sólo después que una avioneta cayera el pasado jueves, dejando como trágico saldo la muerte de siete personas.

 

-El Colegio de Ingenieros del Perú celebró una yunsa en su Centro Recreacional.  Esperemos que el próximo año realice una celebración más positiva.

-Uno de los problemas más serios de los peruanos es nuestro pésimo manejo cotidiano del medio ambiente por razones culturales. Por ejemplo, es usual al viajar en micro arrojar la basura por la ventana, como si el ambiente fuera un tacho. Igual pasa con los cauces de los ríos, ciertas zonas costeras y muchos lugares alejados del país, que son convertidos en botaderos informales.  ¿Qué necesitamos los peruanos para cuidar y querer nuestro entorno?   ¿Sanciones duras a los microcontaminadores o educacion intensiva desde el nido hasta la universidad?   Al Estado le toca una fuerte responsabilidad en implementar ambas cosas y promover más estos temas en los medios de comunicación masiva.  Hoy los europeos no arrojan ni un boleto a las calles, pero no siempre fue así (Raúl Chacón, desde La Oroya).

 

-En ocasiones confundimos el respeto a las costumbres con el irrespeto a nosotros mismos y la impunidad para sancionarlo.  En Huaraz, donde la yunsa es una costumbre muy arraigada, años atrás un presidente de Corde Ancash quiso establecer sanciones para la tala del capulí, el árbol que tradicionalmente se utiliza y fue objeto de feroces críticas de la prensa y la población.

En Conchucos, todavía hay gente de “posición” que cree que tener de sirviente una persona con síndrome de Down o algún tipo de retardo es signo de distinción.

En Puno, he sido testigo varias veces de la wilancha que es el sacrificio de una alpaca macho como pago a la tierra: se le abre las entrañas y se le hace mirar al sol, si el corazón sigue latiendo es buen año para las cosechas.  En una ocasión, comenté con algunos dirigentes aymaras sobre lo inconveniente de sacrificar a los mejores reproductores.  La mayoría se sorprendieron, otros estaban en desacuerdo, pero los que coincidían conmigo eran quienes habían salido a otros lugares.

Ninguna cultura es estática, y nada justifica la irracionalidad de cualquier índole, algunas costumbres colisionan con lo que seria ”el buen vivir” y pienso que varias de ellas deben ser puestas en el tapete no por los académicos solamente sino por el propio pueblo: la dignidad debe ser construida sobre la base de nuestra evolución como sociedad y eso nos debe permitir salir del subdesarrollo. Por ahora no queda otra que la educación y la sanción (Gustavo Escobar, desde Huaraz).

 

-En el colegio a mis hijas les hablan sobre el medio ambiente y el reciclaje, pero la municipalidad no tiene ningún programa para reciclar desperdicios, pese a que tiene dinero.  Afortunadamente, nos hemos organizado con todos los vecinos del edificio en que vivo y reciclamos el papel y el tetrapak, llevándolo a un supermercado que está cerca.  Mi esposo y yo no queremos quedar mal con nuestras hijas (una oftalmóloga de San Isidro).

 

-Que me perdonen la expresión, pero simplemente el takanakuy es una práctica bárbara (un abogado de Miraflores)  

 

-Por costumbres como las que tú citas es que en el extranjero nos tildan de salvajes.   En Apurímac, en los takanakuy la policía sólo aparece para separar a los agresores cuando deberían impedir esas peleas.   En Trujillo existe también la arraigadísima costumbre de “celebrar” el cortamonte o yunsa que han traído los migrantes de Cajamarca, pero también se practica en el Club Áncash con la venia de las autoridades ediles y hasta del párroco del barrio (Un periodista trujillano).

 

-La gente tiene que reflexionar sobre sus tradiciones y darse cuenta que hay cosas que valen la pena continuar y cosas que les hacen daño y deben cambiar (un ingeniero alemán).  

 

-A mí me choca que, en un país con tanto alcoholismo, el Estado promueva el consumo de alcohol, organizando celebraciones descontroladas como el Día del Pisco Sour.  Vivo cerca del Parque de la Amistad en Surco y hace unas semanas a las 11 de la noche hubo un montón de gente, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que salían ebrios del parque, arriesgando su vida en medio del tráfico y haciendo escándalo.  No había nadie de la Municipalidad o la Policía para prevenir o evitar los desórdenes (Un periodista de Surco).

 

-Siempre se puede cambiar, avanzar, mejorar…  La iniciativa de la siembra del árbol es en verdad muy bonita (Moisés Goldez, abogado).

 

-El maltrato a los animales y la tala de árboles son costumbres que deben ser frenadas lo más pronto posible (Daniel Gutiérrez

Escribe Arturo Carhuallanqui desde el Valle del Mantaro

Nosotros consideramos que la yunsa o cortamonte como se llama aquí en Jauja y el Valle del Mantaro es una práctica cultural que no contribuye en los esfuerzos que realizan las instituciones públicas, organizaciones sociales y los jóvenes ambientalistas en favor de la recuperación de la biodiversidad y tampoco ayuda a la búsqueda del equilibrio entre la naturaleza y el ser humano, que nos permita ejercer el derecho a vivir en un ambiente saludable.


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Ante esta situación, el Siembra Monte o Sacha Talpuy es una propuesta cultural que vienen impulsando el Arzobispado de Huancayo, dirigido por Monseñor Pedro Barreto, la Municipalidad Provincial de Jauja, la Red de Jóvenes Emprendedores para el Desarrollo Sostenible de Junín, la Comisión Ambiental Municipal de Jauja y la Mesa de Dialogo Ambiental de Junín.

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El Siembra Monte no sólo significa plantar árboles, si no es un proceso que se inicia desde el agradecimiento a la Pachamama, la preparación de los almácigos, el fortalecimiento de la organización comunal para la participación desde la siembra hasta su desarrollo de los árboles. Es una propuesta desde la concepción de la cosmovisión andina y del derecho de las comunidades campesinas a vivir dignamente.

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Esta propuesta de Siembra Monte es implementada por el Arzobispado de Huancayo a través de CARITAS Huancayo en los distritos de Masma Chicche, Paca, El Mantaro, Sincos y Pancan (Provincia de Jauja) y Orcotuna (provincia de Concepción), y a nivel Provincial a través del Proyecto de Juventud, promoviendo que el Siembra Monte o Sacha Talpuy se institucionalice en cumplimiento de una ordenanza municipal que señala la regulación de la tala de árboles durante las fiestas costumbristas de los carnavales.

 

En la fiesta de Sacha Talpuy del 2010 se logró oficialmente, a través de la Municipalidad Provincial de Jauja, transferir esta práctica cultural al Barrio San Isidro de Jauja. En este lugar aprobaron remplazar al corta monte por siembra monte y así en adelante seguiremos incidiendo para que los distritos de Jauja y a nivel del Valle del Mantaro puedan asumir como una responsabilidad ciudadana en el cuidado de nuestra casa común, como una nueva manera de festejar con polvo y serpentina durante los carnavales.

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Esta propuesta se continua trabajando con la finalidad de recuperar y revalorar las buenas prácticas ambientales ancestrales. El Sacha Talpuy va acompañado del “Tayta Talpuy” o fiesta del Dios Sembrador en Jauja, la “Batalla de las Flores” que es una festividad en el distrito de Paccha – en honor al Señor de las Animas de Paca y los rituales en homenaje a la madre tierra y al agua que se celebra con la estampa costumbrista “La Pachahuara” en veneración al “Tayta Mayupata” o Señor del Agua en el distrito de Pancan. En todas estas prácticas saludables del mundo andino está presente la fe y es la fe que esta abriendo ventanas de esperanza para la preservación de la naturaleza.

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En este 2010, el Siembra Monte o Sacha Talpuy de Jauja significó una movilización de los jóvenes de distintas Parroquias de Jauja y del Valle del Mantaro, quienes querían hacer realidad sus sueños de cambiar el corta monte por siembra monte. Con satisfacción puedo decirles que sí hay señales de que los otros barrios de Jauja están planteándose realizar el siembra monte o, en todo caso, sembrar los 10 árboles como menciona en la Ordenanza Municipal.

 

Es cierto lo que menciona Ardito cuando dice en su frase W: “Pretender cambiar tu cultura puede ser una señal de valentía”. Esa señal de valentía es el espíritu de voluntades, de fe y compromisos en recuperar y revalorar las buenas prácticas ancestrales, articulando los esfuerzos individuales y colectivos, concertando con las instituciones públicas y privadas, trabajando principalmente con los jóvenes promoviendo una conciencia ambiental garantizando para las próximas generaciones el derecho a vivir en la casa común dignamente.

 

Arturo Carhuallanqui Berrocal
Coord. Proyecto Juventud
Arzobispado de Huancayo

 

 

Toda persona con un mínimo de sensibilidad por el medio ambiente debe sentirse cuestionada por el hecho que, cada año, con motivo de la fiesta de la yunsa o cortamonte, miles de árboles sean talados en la sierra del Perú.  Los cortamontes se celebran también en Lima,  inclusive entre los prósperos migrantes que se reúnen en el Club Huancayo, en la avenida Javier Prado.

 

Es verdad que las yunsas afianzan y generan importantes vínculos sociales… ¿pero esto justifica la tala de los árboles? 

 

El cortamonte no es la única costumbre existente en el Perú que causa daños a la ecología.  Tenemos también la quema del muñeco de Año Nuevo, que se produce el 31 de diciembre en muchos lugares.    En realidad, por más arraigada, o entretenida, que resulte una práctica cultural, puede tener consecuencias negativas. 

 

Así tenemos las prácticas que constituyen crueldad contra los animales: las peleas de gallos, el jalapato y las corridas de toros.  Pese a que más del 80% de los limeños las rechaza, éstas siguen realizándose en Acho, debido a que la minoría que las disfruta es muy poderosa.  Hasta el Embajador de Estados Unidos, en clara deferencia hacia la clase alta limeña, acude puntual a las corridas, pese a que en su país serían inaceptables.   Muy lejos de Acho, se realiza todavía el Yawar Fiesta, cuyo carácter simbólico no le quita el sufrimiento que producen al toro y el cóndor.

 

Igualmente, existen costumbres que ponen innecesariamente en riesgo la vida humana.   Todos los años, el juego con cohetes y cohetones causa centenares de quemaduras graves, muchas de ellas en niños.    Sin embargo,  las prácticas culturales más terribles existentes en el Perú son el takanakuy o el charaje, que se realizan en las provincias cusqueñas de Chumbivilcas y Canas, respectivamente.  En ambos casos, comunidades enteras se atacan con piedras o a golpes en una sanguinaria batalla ritual, que frecuentemente deja muertos, discapacitados o heridos graves.  Y, por supuesto, las campesinas pobres terminan siendo también víctimas porque deben mantener a sus hijos y al marido lisiado.  

 

Estas inhumanas “celebraciones” son además promovidas intencionalmente por quienes venden alcohol a contrincantes y espectadores.  En realidad, en todos los sectores sociales del Perú, el consumo descontrolado de alcohol suele tener consecuencias muy graves, pero las autoridades están muy lejos de parecer preocupadas por ello. 

 

Finalmente, otra práctica cultural que atenta contra los seres humanos son los castigos físicos hacia los niños, tan institucionalizados que continúa vendiéndose el “sanmartín” o látigo de tres puntas.  En algunos caseríos del Cusco, todavía se azota a los niños el Viernes Santo,  con el extraño argumento que así ayudan a que sufra menos Jesús.  

 

En cuanto a las fiestas patronales, si bien cumplen funciones sociales y religiosas muy importantes, también tienen un lado negativo cuando generan gastos totalmente desproporcionados.  “Tendré que dejar la Universidad”, dice un joven de Huaycán, “porque mi papá aceptó ser mayordomo de una fiesta del pueblo donde nació y ya no puede pagar las boletas”.

 

¿Debemos resignarnos a que subsistan las costumbres que afectan la vida humana, que generan daños irreparables en la salud o que atentan contra el medio ambiente?   En mi opinión, sería un fatalismo inaceptable.   En toda sociedad, las costumbres cambian, por diversos factores.  Las mujeres ahora desarrollan trabajos que antes no les eran permitidos.   Muchos limeños se están habituando a pagar a las trabajadoras del hogar lo que manda la ley.  Inclusive los indígenas amazónicos han cambiado muchas costumbres.  Hace medio siglo, por ejemplo, los shipibos celebraban el Ani Sheati, una gran fiesta con motivo de la extirpación del clítoris de las adolescentes.  Ahora esta práctica, afortunadamente, es sólo un recuerdo. 

 

Si una costumbre es nociva, simplemente tiene que ser modificada y lo ideal es que la misma población que la practica vaya cambiando.  De lo contrario,  puede ser necesaria la intervención del Estado.  De esta forma, el pasado 31 de diciembre varios distritos  de Lima prohibieron la quema de muñecos de Año Nuevo.   Van varios años en que los juegos de carnaval son menos violentos en Lima debido al temor a una sanción (el domingo pasado, estuve paseando por Barrios Altos sin mayor inconveniente).   

 

También está cambiando el polémico cortamonte.  Desde hace tres años, en Jauja y Concepción se le está reemplazando por la fiesta del Sacha Talpuy o plantado de árboles.  La cantante Nelly Munguia es una de las propulsoras de esta iniciativa, que ha promovido también Pedro Barreto, el Arzobispo de Huancayo, cuya defensa del medio ambiente le ha generado muchos ataques por Doe Run.   Más de veinte mil árboles han sido plantados desde entonces.   Por su parte, la Municipalidad de Jauja ha dispuesto que, por cada árbol que se tale para una yunsa, se debe plantar diez. 

 

Esperemos que en toda la sierra (y en el club Huancayo) este ejemplo cunda.  Esperemos también que las otras costumbres que hacen daño a personas, animales o plantas pronto vayan desapareciendo.